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Z aCopyright  Lorenzo Pe9a 1987  b  S '-0ndice * v  0. Introducci;n# 1. El rechazo del sentido literal de los textos po)ticos contradictorios segCn Bouso9o# 2. Esbozo de una alternativa a las presuposiciones metaf1sicas de Bouso9o# 3. Lo espec1fico de las contradicciones po)ticas#  S 4. Bibliograf1a#  v b  Es Carlos Bouso9o autor de una interesante teor1a de la expresi;n po)tica. No me incumbe la tarea de pronunciarse sobre ella. Todos hemos apreciado y aquilatado su riqueza y complejidad, as1 como su idoneidad, para dar cuenta de no pocos constituyentes de la expresi;n po)tica. Pero voy aqu1 a criticar una de las tesis de Bouso9o: la de que el poeta, al romper el sistema l;gico , como lo dice Bouso9o, lo que est haciendo es, no decirnos algo contradictorio, no revelarnos algCn paraje de lo real en el que resulte falso el principio de nocontradicci;n, sino, meramente, acudir a recursos ret;ricos para decirnos, bajo la forma aparente o presuntamente contradictoria, algo perfectamente nocontradictorio, algo que, por ello, no s;lo no presenta de suyo peculiaridad alguna en su contenido, ni rompe molde alguno de nuestra manera de ver la realidad, sino que "lo que es ms" am;ldase perfectamente incluso a un supuesto metaf1sico dizque de comCn aceptaci;n, cual ser1a la tesis de que el principio aristot)lico de nocontradicci;n es enteramente verdadero y de que, por ende, ninguna verdad en absoluto podr estar en contradicci;n con )l. Frente a esa concepci;n, vendr esbozada en el presente ensayo una tematizaci;n de la obra po)tica que "sin tener por qu) ser incompatible en otros aspectos con la de Bouso9o" no exija el acudir a relecturas caritativas del mensaje po)tico sino que acepte como verdaderas, literalmente tomadas, las afirmaciones contradictorias que en muchos casos lo componen.  b(=o.o.o.Ԍ \  1." El rechazo del sentido literal de los textos po)ticos contradictorios segCn  \ 'Bouso9o  \j (% D1cenos Bouso9o (en su Teor1a de la expresi;n po)tica, en adelante TEP "v)ase referencia completa al final de este ensayo", t. I, p. 414):  S El principio de contradicci;n, p.ej., rige con perfecta soberan1a nuestros actos mentales conscientes. Su rompimiento nos llevar1a, sin duda, al absurdo; pero nunca a la poes1a y ni siquiera propiamente al chiste.A   Nos es l1cito, sin embargo, hablar de una ruptura de tal clase, [8], no, claro est, una ruptura aut)ntica. El poeta puede expresar, digamos, la igualdad de dos objetos antag;nicos A y B; mas, para que la ecuaci;n A=B resulte po)tica8 y no simplemente absurda, es menester que uno de estos t)rminos (o A o B) sea usado metaf;ricamente o en un sentido que no contradiga al del otro, de tal modo que A,  S en el poema, no se oponga realmente a B.A  Dados esos supuestos de su teor1a, no es de extra9ar que se pronuncie Bouso9o contra alguna tesis de Ortega en torno a la obra po)tica, concretamente acerca de la metfora po)tica (TEP, t. I, pp. 1915, n 16). Bouso9o declara (p. 195): las reflexiones de Ortega acerca del arte responden8 a la corriente irrealista  de su momento hist;rico, de la que nuestra doctrina, en cambio, se aparta decididamente . No me propongo examinar en estas breves pginas la teor1a, o cuasiteor1a, de Ortega al respecto. Asomarn luego "para el lector a quien no sean desconocidos los bosquejos de Ortega" alguna que otra convergencia y tambi)n no pocas discrepancias entre el enfoque orteguiano y aquel que voy sucintamente a proponer aqu1. Lo que s1 quiero destacar es qu) es lo que encuentra Bouso9o de ms objetable en ese enfoque orteguiano: Ortega  \ quiere decir aqu1 que la metfora po)tica se apoya en una verdad a la que, por tanto,  \ descubre (la aut)ntica y completa coincidencia de dos objetos en algunos de sus elementos abstractos), pero s;lo para afirmar como verdadero, en un mundo que no es este mundo objetivo en que vivimos, algo no real: el objeto bello: que una mejilla, p.ej.,  \ sea una rosa, o que los dientes sean perlas  (ibid., p. 192 sub fine). Y poco despu)s a9ade (p. 193): Como es fcil de observar, el error de Ortega, caso de que aceptemos la tesis que en nuestra doctrina general se encierra, consiste en no ver que en poes1a el lector desacredita la literalidad del aserto identificativo8 . A lo largo y ancho de su obra, en sus anlisis, a menudo llenos de inter)s, de versos de tan diversos poetas, ati)nese siempre Bouso9o a esas tesis que acabo de  \! rese9ar sucintamente. Comentando (ibid., pp. 1789) un poema de Vicente Aleixandre en el cual el poeta confiere al cuerpo humano dimensiones c;smicas, Bouso9o clasifica tal tipo de textos bajo la rCbrica visi;n , en que se atribuye a una cosa real una  \$ cualidad irreal o viceversa; explica (p. 179): Pero si b, el elemento irreal, puede emocionarme de ese modo Z, se debe a que el objeto real A posee de veras ciertas  \& cualidades a1, a2, a3,8 que suscitan en m1 la misma emoci;n Z que me suscita b. En  \' suma: el poeta ha atribuido a A la cualidad o funci;n irreal b porque desde el punto de  \( vista subjetivo, o sea: desde la emoci;n recibida Z, tanto da mentar b como mentar el  \) complejo calificativo o funcional a1, a2, a3,8, de que verdaderamente el objeto A es portador. *o.,,55ԌDe algCn modo, esta posici;n anal1tica de Bouso9o afloja el r1gido planteamiento general que, segCn hemos visto, rige su tematizaci;n de la obra po)tica; pues, en efecto, hay aqu1 una cierta admisi;n de la coincidencia de los opuestos; segCn el pasaje anteriormente citado, toda coincidencia semejante ser puramente verbal; este comentario sobre Aleixandre, en cambio, acepta una coincidencia no meramente verbal, aunque, sin embargo, s1 sea exclusivamente subjetiva, tratndose como se trata de una confusi;n o indiferencia subjetiva respecto de ciertas diversidades reales o extramentales. Lo que ah1 no aparece es la raz;n suficiente de tales confusiones o indiferencias.  \F Si no hay en la realidad ninguna relaci;n de indistinci;n entre el objeto real y el dizque irreal, v)se mal c;mo podr1an hacerse indiferentes en cierta perspectiva. No viene reflejado por cada perspectiva u horizonte de intelecci;n uno u otro aspecto real de las cosas, de la realidad? Entonces c;mo es eso una perspectiva, una presentaci;n de las cosas mismas a un determinado punto de vista? Y, si s1 se produce el aludido reflejo, entonces c;mo pueden dos cosas confundirse en (o "si se quiere" ante, o para, o con respecto a) una perspectiva, por subjetiva que )sta sea, cuando no medie entre ellas ningCn v1nculo que las haga de algCn modo identificarse, que haga que la una tenga todo lo (toda propiedad) que tambi)n tenga la otra? (El principio de gradualidad que ms adelante, en la Secci;n 2, postular) y a cuyo tenor son de grado todas las diferencias entre los seres reales es un principio que garantiza precisamente que se d) siempre entre dos seres cualesquiera un v1nculo as1.) Bouso9o est postulando pensamientos a los que no corresponder1a objeto alguno, y eso es algo que "desde una ;ptica plat;nica como la que en cambio anima el planteamiento filos;fico de quien esto escribe" resulta muy cuestionable. En otro pasaje intenta Bouso9o conseguir una mediaci;n entre esos dos planteamientos de la contradicci;n o ruptura "segCn )l del sistema l;gico en el mensaje po)tico. D1cenos (TEP, t. II, p. 233):   S> Lo cual no obsta para que la contradicci;n opere tambi)n en nosotros como tal, o sea en toda su dimensi;n de incomprensibilidad, y unida a la irracionalidad simb;lica8 nos proporcione una sensaci;n de misterio8 la paradoja produce igualmente efecto en s1 y con independencia de que, al mismo tiempo, nuestra inteligencia deshaga y  S deseche el absurdo en que esa literalidad consiste.A   \ Y, en nota a pie de pgina, ibid., aclara lo siguiente:  S^! En efecto, en muchas ocasiones, el poeta dice algo literalmente insensato que nuestra raz;n interpreta a su modo; esto es, de una manera que le es congruente. Pero ello no impide que la insensatez siga actuando en calidad de tal, aunque privada del disentimiento que la actividad intelectiva dispara automticamente contra lo incomprensible8 la interpretaci;n racional sirve, en estos casos, no s;lo para darnos un sentido comprensible, sino tambi)n, y sobre todo, para anestesiar y suspender el disentimiento, y permitir que lo dicho obre desde su literalidad con el efecto que en nosotros corresponder1a8 Ahora bien, la frase il;gica continCa en nosotros leal a su sentido literal, que recibimos tambi)n, pero apaciblemente y con asentimiento, en combinaci;n arm;nica con el otro sentido sensato8 A qu) se debe este fen;meno de duplicidad significativa? Evidentemente a algo que con frase vulgar denominar1amos la fuerza de las palabras . Las palabras a veces no pueden separarse por  S~+ completo de lo que literalmente afirman8A ~+o.,,55ԌCreo que esas declaraciones de Bouso9o constituyen un esfuerzo muy serio y valioso para poner orden y claridad en su visi;n de las relaciones entre mensaje po)tico y contradicci;n. S;lo que a mi juicio no se ve coronado por el )xito tan denodado intento sintetizador. Por una raz;n: si toda contradicci;n es absurda, entonces una contradicci;n lisa y llanamente no vehicula contenido alguno, ni dice nada inteligible, captable; no  \R tienen un sentido propio, algo a lo que cupiera, al menos en ciertos casos, asentir; algo,  \N pues, que pueda tener efectos "a los que alude Bouso9o" de lo que sea: escalofr1os, ansiedades, )xtasis, complacencias. No cabe experimentar ni esos sentimientos ni ningCn otro ante un pseudosentido, ante lo absurdo; al igual que no puede emocionarnos la prolaci;n de un ruido que no sea de un idioma conocido. Es ms: aun aceptando que la contradicci;n "en el supuesto filos;fico de que parte Bouso9o" vehicule algCn sentido (propiamente dicho), ser "as1 nos lo dice Bouso9o" un sentido del cual forzosamente hemos de disentir; es lo forzoso de tal disentimiento "ante algo que literalmente tomado, por ser absurdo, no podr1a ser ni po)tico ni siquiera c;mico" lo que acarrea la obligatoriedad de la comprensi;n no literal, de las relecturas caritativas a que, en cada caso de expresi;n po)tica contradictoria, ha de acudir cualquier lector que quiera entender el texto po)tico; insisto: s;lo el necesario disentimiento de tal texto es lo que conlleva el obligado recurso a la parfrasis o relectura (interpretaci;n no literal). Y entonces, una vez suplido el (absurdo) sentido textual por otro, sensato, resulta que, as1 y todo, manti)nese en la mente del lector tambi)n el sentido literal pero ya eximido del disentimiento que, sin toda esa maniobra, hubiera automticamente reca1do sobre )l. (E incluso gozando de un plcido asentimiento). Mas, entonces, ese sentido ya no es tan absurdo, cuando se puede pensar sin disentimiento e incluso con asentimiento. Par)ceme extra9o que logre ese sentido acceder a tal situaci;n gracias a otro sentido, al cual nada lo une salvo la plurivocidad de las palabras. Fuerza de las palabras, s1, segCn bouso9o: fuerza de hacer que lo absurdo deje de serlo gracias a su poder expresar tambi)n, traslaticiamente, algo no absurdo. Mas no ten1a ya entonces el propio sentido contradictorio la virtualidad de ser "por los vericuetos que sea" entendido, pensado sin disentimiento y ejerciendo su efecto en la mente de quien lo entienda? Conocemos todos la colaboraci;n intelectual entre Dmaso Alonso y Bouso9o. Sin embargo, vale la pena mencionar que, a diferencia del segundo, estima el primero de esos dos eminentes estudiosos que el mensaje po)tico, en su contradictorialidad, puede ser algo distinto de un modo ret;ricamente elegante de decir una verdad banal, no  \z% contradictoria de suyo (Poes1a espa9ola, pp. 28990):  S& La clave est otra vez, si no me enga9o, en la inefabilidad de los estados cimeros del proceso m1stico. Una de las ms fuertes ra1ces escolsticas del pensamiento l;gico y del criterio psicol;gico, en la doctrina de San Juan de la Cruz, es la proposici;n dos contrarios no pueden caber en un mismo sujeto . Esto, en cuanto a la raz;n. Pero los cuadros l;gicos se rompen precisamente ante los estados inefables de las alturas m1sticas. La ciencia no los puede entender, la experiencias no los sabe expresar. Toda la formalidad de nuestra pobre ciencia humana se derrumba, y San+o.,,55 Juan de la Cruz echa mano, precisamente, de la imposible superposici;n de contrarios en un mismo sujeto, para mostrar cun violenta, cun total y clamorosa es aquella ruina. Deniega as1, en el trasunto de su experiencia, su bsica afirmaci;n doctrinal; y la destructora atribuci;n de contrarios a un mismo sujeto le sirve como de aniquiladora f;rmula de expresi;n de lo inefable. Y all en las cimas del otero, morir es vivir, la llama abrasa regaladamente, perderse es ganarse, abatirse es subir  S a los astros: ignorar es trascender toda ciencia.A  Error comCn, sin embargo, de Dmaso Alonso y de Carlos Bouso9o es la tesis de la ilogicidad de lo contradictorio; tesis que lleva: al primero a reputar como algo inefable las verdades contradictorias; al segundo "ya lo hemos visto" a rechazar que se puedan dar verdades tales o hasta que podamos pensar que se den. Frente a esa tesis de la ilogicidad de lo contradictorio cabr1a limitarse a  \ mencionar la existencia hoy de l;gicas paraconsistentes: l;gicas que admiten como algo no forzosamente il;gico la afirmaci;n y simultnea negaci;n de una misma oraci;n "tomada en el mismo sentido en ambos casos. Habiendo quien esto escribe trabajado durante a9os en la elaboraci;n de una de tales l;gicas, bstale aqu1 remitirse a su obra publicada al respecto (alguno de esos trabajos vendr citado en la bibliograf1a al final de este ensayo). Pero, ms que en ese lado del planteamiento "que a algunos semejar1ales ser meramente formal , quiera eso decir lo que quisiere" y para no enzarzarnos en una controversia sobre qu) es o no es l;gico  o en qu) consiste la l;gica  (pues el adepto ac)rrimo de la l;gica clsica o aristot)lica puede siempre porfiar que s;lo ella es la  l;gica y s;lo es l;gico lo que con ella concuerde, y eso por definici;n), prefiero discutir aqu1 las ideas de Bouso9o en un plano filos;fico, prescindiendo de formalismos o notaciones especiales.  b  \  2." Esbozo de una alternativa a las presuposiciones metaf1sicas de Bouso9o (% La teor1a de la expresi;n po)tica que muy escuetamente esbozar) o sugerir) en la Secci;n siguiente no ha de constituir forzosamente, ni mucho menos, una alternativa frente a toda la concepci;n de Bouso9o, tan bien articulada, tan completa, tan sistemticamente inclusiva de componentes varios que aCnase sin embargo en arm;nica conformaci;n de un todo en el cual nada parece olvidado. Mi prop;sito es tan s;lo el de, habiendo impugnado uno de los elementos de esa concepci;n global, sin pronunciarme sobre si la amputaci;n del mismo debiera dar lugar o no a una reconstrucci;n de toda la sistemtica concepci;n de Bouso9o, indicar escuet1simamente qu) grandes rasgos podr1a tener una teor1a de la poes1a que en el aludido punto del engarce con la l;gica anduviera por senderos que, en eso s1, estar1an alejados de los que recorre Bouso9o y "aunque no sin profundas discrepancias, a las que ya he aludido antes" se aproximara ms a los itinerarios orteguianos. Toda teor1a supone una metaf1sica. Toda teor1a acerca de la expresi;n po)tica es (parte de) una teor1a semntica. Tambi)n, como cualquier otro autor que sobre tales cuestiones trate, da por supuesta Bouso9o una cierta concepci;n de lo real. En su concepci;n metaf1sica, ya lo sabemos, no caben contradicciones verdaderas; adems, lo real y lo irreal, as1 como lo objetivo y lo subjetivo, estn estrictamente separados: podr+o.,,55 el poeta acceder a determinaciones objetivas pero irreales de las cosas, o tambi)n a otras determinaciones, )stas ya puramente subjetivas: en cualquier caso, semejantes determinaciones estarn por completo ausentes de lo Real. Y no es que todas esas presuposiciones de Bouso9o sean extravagantes, pintorescas o ex;ticas. Casi ms bien pareciera lo contrario: no constituyen antes bien una mera plasmaci;n de un sentido comCn que, por lo comCn y hasta comun1simo que es, ofr)cesenos como una segunda "si no primera" naturaleza que est en el transfondo de todo pensamiento sobre la Realidad que no quiera, precisamente )l, volviendo la  \F espalda a la sensatez, hundirse en irracionalidad y aberraci;n? Bien, es eso lo que yo cuestiono. El sentido comCn es ambiguo y puede avalar tanto esa concepci;n de lo real  \< a la que he aludido "y a la cual permitir)me llamar dignoscitiva" como una concepci;n opuesta, a la que llamar) dial)ctica. En verdad, estoy persuadido yo de que el sentido comCn ms se inclina a esta Cltima; mas no deseo discutir tal asunto aqu1. Bsteme con se9alar que, sean cuales fueren los t1tulos de legitimidad que pueda exhibir la concepci;n dignoscitiva, no faltan a favor de su contrincante, la concepci;n dial)ctica, ni argumentos filos;ficos muy serios ni indicios racionales de que se halla entroncada con al menos algunas hebras de ese trenzado que es el sentido comCn "o, cabr1a alternativamente llamarlo, el acervo de ideas y actitudes que conforman el cosmorama del hombre de la calle, aunque no se puede olvidar que hay muchos hombres en la calle, con diversos cosmoramas.  \ Precisar quiero, eso s1, que si, en general, cabe llamar dial)ctica a cualquier filosof1a que admita, de un modo u otro, la existencia de contradicciones verdaderas "de verdades mutuamente contradictorias", en estas pginas voy a reservar ese calificativo  \ de dial)ctica Cnicamente a una concepci;n particular de entre las as1 caracterizables, a saber: la que he venido presentando y argumentativamente defendiendo en diferentes publicaciones, hoy ya ampliamente conocidas "y a las cuales, por ello mismo, no tengo necesidad de remitirme expresamente en este lugar, salvo citando un par de ellas en la bibliograf1a al final de este ensayo; esa concepci;n ha recibido tambi)n la denominaci;n  \ de ontofntica, pues aspira a ser un manifestarse del ser en el lenguaje. Ante todo caracter1zase la concepci;n dial)ctica de lo real por no acceder a una  \. separaci;n para todos los casos absoluta entre el s1 y el no, entre ser y noser. El ser se  \* da "como casi todas las determinaciones y propiedades de las cosas" por grados: hay, pues, grados de existencia (o de verdad). Si un pa1s es ms f)rtil que otro, es que es ms existente la fertilidad del primero que la del segundo. La fertilidad de un pa1s es un estado de cosas; estados de cosas son tambi)n la astucia de alguien, la elevaci;n de un edificio o de un monte y, en general, cualquier posesi;n de una determinaci;n por un ente. Cada ente, por su parte, es un estado de cosas, pues es id)ntico a la posesi;n por s1 mismo de esa determinaci;n que es la existencia, el ser. Y, desde luego, tambi)n hay  \r( grados de existencia de los diversos individuos; ms real es, c%teris paribus, lo que mayor papel ejerce. Si una cosa tiene menos existencia que otra, tendr ms inexistencia que ella: ser, pues, tanto existente (en cierto grado) como tambi)n inexistente (en el mismo u otro grado). De ah1 que se den contradicciones, las cuales son verdaderasb+o.,,55 (verdaderas hasta cierto punto, aunque naturalmente nunca lo sean enteramente). Pues sucede todo lo que sucede en uno u otro grado (principio de apencamiento sobre el cual luego me explayar) un poco). La gradualidad del ser lleva consigo la contradictorialidad de lo real. Ahora bien, no s;lo se dan grados sino tambi)n aspectos de realidad. La realidad no es uniaspectual; no es monol1tica o de una pieza. Significa eso que a muchas preguntas de S1 o no?  "las cuales no por ello dejan de ser correctas" cabe responder, no s1 , tampoco no , sino en unos aspectos s1 y en otros no ; y tambi)n sucede lo propio cuando en tales preguntas y respuestas reemplazamos el mero NO , compatible al fin y al cabo "en ciertos casos y dentro de los apuntados l1mites" con el SI , por la  \: negaci;n fuerte, o supernegaci;n, el  no8 En absoluto . Puede ser que una cosa en algCn aspecto posea una determinaci;n de la que en otros aspectos carezca por completo. Qu) son los aspectos de realidad? Son aquellas cosas a las que comCnmente nos referimos en afirmaciones como, p.ej., En ciertos aspectos, es una pel1cula interesant1sima  o En el aspecto del patetismo nada tan fuerte como el Lacoonte . Un aspecto de lo real es, sencillamente, una determinaci;n que tienen las cosas y que se  \ ajusta a ciertos requisitos, como: el de ser pose1da por el hecho de que nos;lopĩsino \ tambi)nq en la medida en que sea no s;lo verdad que es pose1da por (el hecho de que)  \ p sino tambi)n por (el de que) q; o el de ser pose1da por la negaci;n de algo en la medida en que no lo sea por el algo en cuesti;n. Lo importante ahora es percatarse de que las cosas, los estados de cosas, pueden tener grados diversos de verdad o existencia segCn diferentes aspectos. Un hombre puede ser ms duro que otro en cierto aspecto, menos en otro aspecto. Cada aspecto viene a ser como un mundoposible  "para usar la jerga de los l;gicos modales", en el cual sea hegem;nica una cierta propiedad que sirva para caracterizarlo: el aspecto de la pasi;n, el de la cultura clsica, el del ansia de poder y as1 sucesivamente. Cada aspecto engloba a otros en los que se descompone, pudiendo irse al infinito. Un aspecto es  \ mon;tono cuando sus subaspectos son id)nticos a )l; en caso contrario es calidosc;pico. La realidad misma globalmente tomada es calidosc;pica. Dos aspectos son id)nticos (e.e. no son en verdad dos, sino un solo y mismo aspecto) cuando cuanto existe en el uno existe tambi)n, y en la misma medida, en el otro; con otras palabras: si dos aspectos son (determinaciones) diferentes, algo habr que exista en mayor medida en uno de ellos que en el otro "algo habr que posea una de esas dos determinaciones ms que la otra. Uno de los aspectos de la realidad es el de la experiencia cotidiana. Las ms de nuestras afirmaciones usuales refiri)ndose a hechos o estados de cosas que sean verdaderos en tal aspecto (con sus diversos subaspectos), sin requerirse que lo sean en general, que sucedan en la Realidad globalmente tomada como tal. Por ello, no constituye una objeci;n atinada contra la teor1a que estoy bosquejando el se9alar que no deja de ser afirmable algo porque no suceda o exista en todo mundoposible  "en todo aspecto de lo real para usar la terminolog1a aqu1 propugnada"; porque "dir el objetor" el que en uno de tales aspectos llueva no es sino aquello en que consiste el hecho de que puede llover, hecho que no excluye, empero, la afirmabilidad de que no llueve.\+o.,,55ԌDejando ya de lado lo que ata9e a un operador temporal impl1cito en tales asertos usuales (un ahora  que restablecemos por catlisis "y cuyo papel semntico dista de ser redundante o pleonstico), es un fallo de la objeci;n el no percatarse de que nuestras afirmaciones usuales no tienen por marco de referencia la Realidad a secas (tomada, pues, en toda su latitud), sino un horizonte o mundo ms restringido, un aspecto de la Realidad particular, que es precisamente ese que he denominado de la experiencia cotidiana: aquel mundo en el cual la propiedad hegem;nica es esa de ser objeto de experiencia cotidiana. Tal mundo o aspecto es ciertamente un mundo privilegiado o descollante en cierto sentido; no ya para nosotros "o, mejor dicho, para nuestro habitar en tal mundo" sino de suyo y en s1 mismo tambi)n; pero ahora no nos tiene por qu) ocupar el llegar a dilucidar en qu) estribe ese privilegio existencia (relativo) de tal mundo ni frente a cules otros aspectos de lo real se d). He se9alado ya que la posesi;n de una determinaci;n por un ente es, a su vez, un ente, cuando existe "en uno u otro grado" la posesi;n en cuesti;n, puesto que cada ente es un hecho o estado de cosas y viceversa. La posesi;n por un ente o hecho, como determinaci;n suya, de un aspecto de lo real, es, por su parte, un ente caracterizado porque su existencia no es sino el resultado de restringir a ese aspecto de lo real la existencia del primer ente considerado. En efecto: cada ente es lo mismo que su existencia (pues no puede existir ni ms ni menos que )sta, y son id)nticos entre s1 dos entes cualesquiera que tengan siempre que existir en la misma medida uno que otro); por ello "y segCn lo apunt) ya ms atrs cada ente es id)ntico a la existencia de tal ente en la Realidad, e.d. a la posesi;n por tal ente, como determinaci;n suya, de la Existencia o Realidad, que no es sino el Mundo real mismo en su globalidad, del cual son (sub)aspectos los dems mundosposibles" "incluidos el de la experiencia cotidiana y sus subaspectos": el restringir un ente a uno de tales aspectos no es sino el darse o existir de dicho ente en ese aspecto, lo cual es, ni ms ni menos, el que dicho ente posea, como determinaci;n suya, a tal aspecto. Una propiedad es una determinaci;n existente en todos los aspectos. Aunque de lo hasta ahora propuesto no se sigue la verdad del principio que voy ahora a postular "al  \ cual voy a llamar de gradualidad", otras consideraciones abonan a favor del mismo; dir este principio que cada ente genuinamente real (existente, pues, en todos los aspectos) posee, en uno u otro grado, todas las propiedades: con respecto, pues, a la posesi;n de propiedades, todas las diferencias son de grado. Entre muchos otros argumentos que muestran la plausibilidad de tal postulado est uno en el que figura como premisa la consideraci;n siguiente: las propiedades de un ente "siendo constitutivas de )ste, y no pudiendo el ente ser un mero haz de propiedades sino algo dotado de unidad propia" han de venir de algCn modo fundidas o amalgamadas en el ente.  \% Hcennos ver la necesidad de postular un principio de separaci;n algo distanciado del ingenuo o banal, no s;lo nuestra adhesi;n al principio de gradualidad, as1 como el percatarnos de problemas l;gicos ligados a las c)lebres paradojas de las teor1as ingenuas de conjuntos (la clase russelliana de todos los conjuntos que no se abarcan a s1 mismos como miembros), sino tambi)n otras consideraciones, como la de, reconociendo que el que suceda un hecho no es "en general" sino que tal hecho sea una propiedad de la Existencia misma (del mundo real), caer en la cuenta de a qu)+o.,,55 despe9adero de incoherencia nos llevar1a eso con el principio ingenuo de separaci;n, a cuyo tenor un ente cualquiera tiene la propiedad de seras1oas (o de hacer esto o aquello) en la medida en que sea verdad de tal ente que )l es as1 o as (que hace eso o aquella). Sin entrar aqu1 en los detalles, complejos, de una formulaci;n correcta del principio de separaci;n, s1 cabe empero consignar que, comoquiera que sea, )ste debe en cualquier caso excluir de su mbito de aplicabilidad a ciertos entes, como es en primer lugar la propia Realidad; o "dicho de otro modo" que debe tener una formulaci;n condicional con una pr;tasis que especifique que el ente de que se trate (aquel al que s1 le sea aplicable [la ap;dosis de] el principio de separaci;n) no es (en absoluto) de cierta 1ndole, 1ndole de la que en cambio s1 es la Existencia; esa 1ndole es la de los seres infinitos, aquellos cuyo grado de realidad es en todos los aspectos o total o, si no, infinitamente pr;ximo a ser total. Esos seres son los atributos de la Existencia, figurando entre ellos aspectos de lo real. (Gracias a tal formulaci;n, por cierto, pu)dense tratar agradablemente espinosas cuestiones de teolog1a filos;fica y de filosof1a y fenomenolog1a de las religiones que en cambio parec1an escollos e irresolubles rompecabezas en el marco de teor1as perge9adas con la l;gica aristot)lica, salvo que se acudiera o al expediente de la predicaci;n anal;gica "una forma de parabolismo o inefabilismo", o bien a rechazar como absurdas las creencias religiosas de casi todos los pueblos.)  b  \Z   3." Lo espec1fico de las contradicciones po)ticas (% La constataci;n de la verdad de una contradicci;n no tiene de suyo nada de intr1nsecamente po)tico. Estn llenos de tales constataciones tanto nuestra conversaci;n cotidiana ( Llueve y no llueve , Lo sabe y no lo sabe ) como asimismo el discurso cient1fico usual "salvo cuando, al caer en la cuenta de que estn condenados como absurdos por la l;gica aristot)lica tales modos de hablar, el cient1fico encorseta y artificialmente remoldea su expresi;n para llevar el comps que le marca dicha l;gica. La verdad de una contradicci;n es simplemente algo que resulta con necesidad de la  \ gradualidad del ser (de la gradualidad de la verdad), en virtud del principio de  \ apencamiento (ya aludido ms atrs), a saber: lo que existe en algCn grado existe; con otras palabras: es verdadero todo lo que no sea completamente falso. Sin embargo, llmanos a menudo la atenci;n el discurso po)ticos por su (peculiar) contradictorialidad. En qu) estriba )sta?  \# Una contradicci;n prosaica es una contradicci;n en la que meramente se registra algo que, por el principio de apencamiento, se deduce de la simple constataci;n de un suceder algo s;lo en cierto grado (no total). Son no prosaicas, pues, entre otras, las contradicciones de las vivencias religiosas, en las que se atribuye a un mismo ser divino, en alto grado, dos propiedades mutuamente opuestas; en este caso s;lo la ya aludida restricci;n del principio de separaci;n nos permite restituir su inteligibilidad y  \) racionalidad a tal vivencia aparentemente absurda (aparentemente supercontradictoria, o sea de la forma: es verdad tal cosa y no lo es en absoluto).* o.,,55ԌCuando alguien usa una metfora, tambi)n estamos ante una contradicci;n no prosaica: v  El coraz;n sin amor triste pramo cubierto con la lava del dolor oscuro inmenso desierto donde no nace una flor  \  v (de El estudiante de Salamanca). El coraz;n es un pramo, cubierto de lava, un desierto: decimos que lo es meramente porque, en virtud del principio de gradualidad, todo ser tiene cualquier propiedad, en el grado que sea? Antes de contestar a esa pregunta, consignemos que, sea como fuere, no es una declaraci;n de uso comCn esa afirmaci;n contradictoria (contradictoria porque resultar1a una contradicci;n expresa al conyuntarla con la constataci;n de que el coraz;n no es un pramo ni un desierto [sino8]). No lo es porque no es tampoco de uso comCn lo que servir1a de premisa a tal conclusi;n, a saber: En algCn grado, el coraz;n es un pramo . La raz;n es sencilla: no cualesquiera verdades son comunicacionalmente pertinentes en cualquier contexto. Verdades que sean demasiado poco verdaderas para que el enterarse de ellas tenga significaci;n oportuna en determinado plano comunicacional no son pertinentes (no es pertinente proferir enunciados que las denoten) en un contexto en el que lo rector o acaparante sea ese plano; y lo mismo verdades demasiado obvias. Como cada ser tiene toda propiedad en algCn grado, el decir de tal ser que tiene tal propiedad en uno u otro grado es, simplemente, proferir algo obvio; y el decir, a secas, que tiene esa propiedad puede ser afirmar algo que, por la apuntada raz;n, no sea comunicacionalmente pertinente. En los versos del poeta ecuatoriano C)sar Andrade y Cordero Ir a ver c;mo brotan, nupciales, los cerezos / [8] / cuando los vientos duermen detrs de las monta9as  tenemos que la metfora est diciendo verdades que normalmente desde9ar1amos por entero: s;lo el principio de gradualidad nos har1a reconocer que despu)s de todo es literalmente verdad (pero en qu) 1nfima medida?) que el viento duerme o que los cerezos brotan nupciales (que es nupcial su brotar o que ellos son nupciales cuando brotan). A qu), pues, tales asertos? El mismo poeta dice:  v Isla de mar adentro, mi coraz;n oscuro es s;lo pe9a brava con su romperse de olas Isla de mar adentro en el pe9asco duro la urdimbre de sus cuitas ha entretejido a solas.  v Comparaciones hermosas y que nos hacen vibrar: qu) verdad encierran? Plantea la metfora (po)tica "la que no lo sea no nos interesa aqu1") problemas similares a los de esas contradicciones del mensaje po)tico que "no resultando por v1a del principio de apencamiento de constataciones usuales sobre posesi;n en algCn grado de ciertas propiedades opuestas por determinados seres" no pertenecen al mbito de las contradicciones prosaicas. Qu) sollozo tan inmenso es el sollozo / de mi pobre  \T+ coraz;n! , nos dice Amado Nervo. D;nde, c;mo, en qu) medida es verdadT+ o.,,55 (literalmente verdad) que sollozan el mar y mi coraz;n )ste ms que aqu)l (en un mismo sentido, que permita, pues, la comparaci;n de sendos grados)? Igualmente, cuando el poeta nos hace ver la coincidencia de los opuestos d;nde, c;mo, en qu) grado se cumple eso que )l est poniendo de relieve, que nos sobresalta y altera y conmueve? D1cenos Guadalupe Amor:  v Muerte y vida, sois en m1 la misma inquietud doliente, el mismo trayecto ardiente que nace donde termina 8 La muerte me ha acompa9ado puesto que de ella nac1. Con muerte adentro crec1 y viviendo la he llevado.  v Meros modos de hablar? Maneras ocurrentes, ret;ricamente exitosas, de decir banalidades? O, antes bien, un poner el dedo en cierta llaga, un decir cierta verdad cuya literalidad misma es lo que nos espeluzna, acongoja y, a la vez, deleita o reconforta? Lo mismo, o algo parecido, aparece en el mensaje po)tico de otra mexicana, Sor Juana In)s de la Cruz: en cuyo ser uni; naturaleza / la cuna alegre y triste sepultura [8] viviendo enga9as y muriendo ense9as . Esta poetisa, al constatar esa coincidencia de los opuestos, es consciente de que se est infringiendo el principio aristot)lico de nocontradicci;n: en el mismo momento y bajo el mismo aspecto tiene y no tiene una cosa  \ cierta propiedad; no s;lo eso, sino que no parece tratarse meramente de una cuesti;n de grado: No s) en qu) l;gica cabe / el que tal cuesti;n se pruebe / que por )l lo grave es leve / y con )l lo leve es grave . (Y en otro lugar. Mira que es contradicci;n / que no cabe en un sujeto / tanta muerte en una vida / tanto dolor en un muerto : contradicci;n que, d1cenos ella misma, se est precisamente dando!) No una, sino tres hip;tesis alternativas voy a esbozar aqu1, que podr1an, en el marco del ya bosquejado sistema filos;fico, intentar dar una respuesta a estos interrogantes acerca de la verdad peculiar de las contradicciones po)ticas. Cada una de las tres suscita dificultades. Ninguna viene aqu1 propuesta como la  soluci;n. Trtase meramente de sendas invitaciones a una exploraci;n que se adentre por los tres caminos, exploraci;n que, desde luego, parece valer la pena. La primera hip;tesis es que el poeta se interesa en esos casos precisamente por lo real menos real, menos verdadero. En los entornos usuales de elocuci;n s;lo es interesante lo que tiene un elevado grado de verdad: ser un umbral, acaso, del 50%, o de lo que sea: es lo cierto, en uno u otro caso, que vendrn en esos entornos o contextos silenciados "cuando no simplemente negados, aunque desde luego s;lo con negaci;n  \' simple (y no con la supernegaci;n no8 en absoluto )" las verdades que est)n por debajo del umbral en ellos pertinente en cuanto a grado de verdad requerido para la aceptabilidad pragmtica de los asertos que en ellos se hagan. El poeta no est absorbido ni obsesionado por esas consideraciones pragmticas que son las que determinan la irrelevancia de cuanto quede por debajo de tal umbral; al rev)s: lleva su mirada a eso+ o.,,55 a todo eso que est, no ya rayano en noser, sino cercano a noserenabsoluto; a eso que ms no es que es. Es po)tica toda esa mitad del mundo que desde9amos en el frrago de la experiencia y la vida cotidianas pero que, en su ms noser que ser, nos hace estremecernos al contacto de lo ms irreal, de las franjas inferiores en la escala descendente de los seres. El inconveniente de esta hip;tesis es que, entonces, el poeta nos entregar1a mensajes excesivamente falsos; mensajes cuya verdad ser1a exigua, acaso tan s;lo infinitesimal; valdr1a la pena? A qu) zambullirse en lo que ms no es que es, en los confines en que las cosas se apocan hasta casi no ser en absoluto? Es mi segunda hip;tesis la de que el poeta no habla del coraz;n, ni del mar, ni del pramo, sino de seres infinitos que gozan de la propiedad de identificarse respectivamente a esas cosas: el poeta, al usar una expresi;n que normalmente designa un ente banal de nuestro entorno cotidiano, est designando al dios o numen que se esconde y manifiesta en, o con o por ese ente; el poeta es un hombre religioso, y, lo mismo que quien adora al monte, al arroyo o al mar est adorando al respectivo dios que, )l s1, tiene la propiedad de identificarse con tal trozo de la naturaleza, igualmente )l est descubriendo a trav)s de nuestra experiencia emocional c;mo los dioses "lo divino que llena el cosmos y la vida" aCnan en s1 propiedades mutuamente opuestas en grados que ser1an incompatibles tratndose de seres finitos: el poeta redescubre la coincidencia de los puestos en lo divino exaltada por las religiones y por los pensadores m1sticos: poes1a es, pues m1stica. Pero esa hip;tesis tiene su tal;n de Aquiles: cuando nos dice Quevedo que solamente lo fugitivo permanece y dura en Roma, de donde huy; lo firme, est remiti)ndonos "as1 sea sin saberlo, no es eso lo que aqu1 nos importa" al numen de Roma, a los nCmenes divinos de lo fugaz y lo firme? Est en general el poeta hablando de otra cosa que aquella de que parece hablar, de algo l;gicamente transcendente, s1, que con ello se identifica pero en un identificarse no conmutativo? No volvemos as1 a achacar al poeta el decir otra cosa que lo que dir1a si a la letra lo tomramos? Adems no estamos acercando en demas1a po)tica y religi;n? Tercera hip;tesis, por Cltimo: el poeta cree en un principio de separaci;n todav1a ms flexibilizado que aquel al que he aludido algo ms atrs; un principio de separaci;n cuyo campo de aplicabilidad no s;lo excluya a los entes l;gicamente transcendentes (seres infinitos: la Existencia y sus atributos), sino que, adems, se aplique Cnicamente en aquellos aspectos de lo real que sean, precisamente, normales  o "si se quiere, prosaicos"; uno de ellos "no el Cnico" ser1a el mundo de la experiencia cotidiana. Fuera de tales mundos prosaicos estar1an los mundos de ensue9o, en los cuales cualquier ente podr1a ser l;gicamente transcendente; e.e. podr1a tener a la vez, y en grados elevados, propiedades mutuamente opuestas (mientras que, en virtud del principio de separaci;n, y all1 donde, y cuando, se aplique )ste, un ente "al que se aplique el principio" no puede poseer una propiedad en una medida que exceda considerablemente a la medida en que se abstenga de poseer las propiedades a ella opuestas). La noci;n misma de oposici;n de propiedades deber1a alterarse o matizarse: ser1an opuestas dos propiedades si todo ente del mbito de aplicabilidad del principio+ o.,,55 fuera de la realidad tal que nunca pudiera poseer ambas a la vez sino en medidas mutuamente limitadas e inversas "poseyendo una de ellas en medida a lo sumo infinitesimalmente superior a aquella medida en que se abstenga de poseer la otra. Esta tercera hip;tesis es sin duda la ms prometedora de las tres, o al menos eso pareciera a sobre haz. Al igual que la segunda, rev)lanos la afinidad entre poes1a y m1stica; pero, a diferencia de ella, apunta tambi)n a la diversidad entre ambas: el pensamiento religioso y la m1stica ocCpanse de la transcendencia l;gica de los seres infinitos, que son siempre, en cualquier aspecto, l;gicamente transcendentes; el poeta ocCpase de la transcendencia l;gica de los seres que la tienen s;lo en aspectos no prosaicos de lo real. Ambas actitudes, empero, coincidirn en captar el modo de haberse las cosas ms all de las barreras vigentes para lo banal y en los aspectos comunes de la vida cotidiana. Con todo, tambi)n esta tercera hip;tesis se presta a reparos. En primer lugar, resulta dudosa la conveniencia de acudir a una restricci;n tan drstica del campo de aplicabilidad del principio de separaci;n s;lo por acoplar como sea la inteligibilidad de  \ los mensajes po)ticos: todos amamos a la poes1a, pero magis amica ueritas (o ms amigo el principio de separaci;n?, suponiendo que )ste sea una verdad). En segundo lugar, a falta de que se aplique en esos aspectos no prosaicos el principio de separaci;n qu) otro principio tendr en )l vigencia? No estamos abocados, al sacrificar o emascular as1 el principio de separaci;n, a ver esos mundos den ensue9o como ca;ticos o monstruosos? En tercer lugar, a tenor de esta hip;tesis el poeta no nos transmite mensaje algCn sobre el mundo de la experiencia cotidiana; estn su vivencia y lo que sobre ella nos comunica al margen de nuestras cuitas y anhelos en la vida diaria, en lo que llamamos vulgarmente el orden efectivo de las cosas en que estamos insertos, orden que no es "sab)moslo ya" sino ese mundo de la experiencia cotidiana; con el agravante de que, puestos a que haya mundos de ensue9o, mbitos o esferas de lo real desbocadas, vertiginosas, que no obedezcan al freno del principio de separaci;n, de ser as1 por qu) va el propio orden efectivo de cosas , el mundo de le experiencia cotidiana, a estar totalmente ajeno a esas esferas? A esto, sin embargo, op;nese una raz;n que no por ser pragmtica deja de ser epistemol;gicamente pertinente: cesar1a con ello de ser viable la indagaci;n que usualmente llamamos cient1fica acerca de ese orden efectivo de cosas. Y, no obstante, estamos persuadidos de que lo po)tico no est divorciado de ese orden de cosas, de lo que nos acaece en la cotidianidad de nuestras vidas. Como se ve, ninguna de las tres hip;tesis puede ser sustentada como una soluci;n improblemtica o definitiva; ser menester, antes de optar por una de ellas, resolver satisfactoriamente las dificultades propias que encierra. De otro lado, cabe buscar enmiendas y refinamientos de una o ms de tales hip;tesis; cabe asimismo empe9arse en lograr una s1ntesis de ms de una de tales hip;tesis, o bien alguna otra alternativa que, ligando convenientemente los mundos de ensue9o estudiados por el poeta "si es que los hay y es as1 como suceden las cosas" alF+ o.,,55 mundo de la experiencia cotidiana, consiga empero tanto reconocer la peculiaridad de la consideraci;n po)tica y de su campo propio de realidad "evitando al paso el tener que recurrir a relecturas caritativas del mensaje po)tico para poder concederle inteligibilidad o aceptabilidad l;gica" como sobre todo, y no obstante, poner de relieve la pertinencia de lo po)tico para nuestra vida diaria y cuanto en ella sucede. En suma, esta exploraci;n, por manera de tanteo "que en el actual estadio son casi palos de ciego, estando como estamos reci)n salidos de la caverna aristot)lica en la que la deslumbrante contradictorialidad de lo real era cosa vedada y nefanda", termina con interrogantes como )stos de B)cquer:  v Y r1e y llora, y aborrece y ama y guarda un rastro del dolor y el gozo. Semejante al que deja cuando cruza el cielo un meteoro? Yo no s) si ese mundo de visiones vive fuera o va dentro de nosotros; pero s) que conozco a muchas gentes a quienes no conozco. v   b  \l X  4." Machado y B)cquer: l;gica y poes1a (% Concluir) este estudio cr1tico en torno a algunos aspectos de la teor1a de Bouso9o sobre la expresi;n po)tica comentando una posici;n que est en las ant1podas de la de Bouso9o (si bien podr siempre argGirse que un contradictorialista no tiene por qu) rechazar de plano lo dicho por su contrincante, sino que puede muy bien hacerlo suyo a la vez que lo niegue tambi)n "y hasta algunos dirn que ha de hacerlo"; vide el libro de M. Beigbeder citado ms adelante, p. 574): refi)rome a la de Antonio Machado,  \ en Juan de Mairena (vol. I, pp. 1412):  S* La imposibilidad, igualmente decretada por la l;gica, de que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, el llamado principio de contradicci;n, que algunos llaman con mejor acierto de no contradicci;n, es otro supuesto tambi)n Ctil y necesario de carcter instrumental, pero de muy dudoso valor absoluto, porque lleva impl1cita una esencial1sima contradicci;n8 Y )ste era uno de los caminos, el puramente l;gico o de reducci;n al absurdo de la pura l;gica, por donde llegaba mi maestro al gran  \:! asombre de la nada, tan esencial en su po)tica. A  Machado acierta al comprender que dondequiera que se piensa al noser, o ms en general algo irreal, asoma una contradicci;n; y que en la po)tica siempre estmonoslas habiendo con lo irreal y su irrealidad "pero con una irrealidad que anida en lo real mismo. Que sea correcta su argumentaci;n a favor de la impl1cita autocontradicci;n del propio principio de nocontradicci;n "una argumentaci;n que recuerda, simplificndolas, las de Hegel y Nicolai Hartmann, dos grandes adalides filos;ficos de la tesis, aqu1 sustentada, de la contradictorialidad de lo real" es asunto aparte; dej)moslo estar.)o.,,55ԌEn todo caso, el error de Machado estriba en sostener "y en eso s1guenlo Carlos Bouso9o y Dmaso Alonso" que la  l;gica proscribe la contradicci;n, como si toda l;gica fuera la aristot)lica "pero Machado mismo apunt; a una l;gica po)tica, o l1rica, que superar1a esa ley de la infrangibilidad absoluta del principio de nocontradicci;n. (Aunque hay que reconocer que cuando Machado escrib1a no exist1an aCn l;gicas paraconsistentes. Mas s1 el proyecto de una l;gica as1, que fue ya lanzado a comienzos del siglo XV por el cardenal Nicols de Cusa.) A diferencia de esos otros autores, Machado no s;lo admite la verdad de ciertas contradicciones (en lo cual coincide con Dmaso Alonso) sino que postula la efabilidad (po)tica) de las mismas.  \ En el t. II de la misma obra citada (Juan de Mairena), pp. 535, comenta Machado poes1as populares, como la que comienza as1: Quisiera verte y no verte, quisiera hablarte y no hablarte ; d1cenos que Kant hubiera llevado a t)rmino su empresa filos;fica s;lo de haber descubierto el carcter antin;mico no Cnicamente de la raz;n sino de la fe, revelndonos el gran problema del S1 y el No, como objetos, no de conocimiento, sino de creencia . Coincidencia entre el S1 el No que el propio Machado ha sabido plasmar en su poes1a ( Y las doradas abejas / iban fabricando en )l / con las amarguras viejas / blanca cera y dulce miel ). Aunque, segCn Machado, fue B)cquer, el ngel de la verdadera poes1a, quien ms hab1a sobresalido en esa revelaci;n de la contradictorialidad de lo real.  \ D1cenos al respecto (ibid., p. 25): La poes1a de B)cquer8 tan clara y transparente, donde todo parece escrito para ser entendido, tiene su encanto, sin embargo, al margen de la l;gica. [8] En su discurso rige un principio de contradicci;n propiamente dicho:  \ s1 pero no; volvern pero no volvern.  Dirn otros que no asoma en Gustavo Adolfo contradicci;n alguna: no son acaso distintas las que volvern y las que no? Yo creo que lleva Machado perfecta raz;n (aunque tambi)n en esto discrepo de Bouso9o, para quien menos aCn utiliza tal ruptura [del sistema l;gico] B)cquer : TEP, t. I, p. 414). Yo veo constantemente en el ngel de  \6 la verdadera poes1a memorias y deseos / de cosas que no existen / accesos de alegr1a /  \2 impulsos de llorar. Oh no! No se me venga con que en diferentes momento o aspecto : en el mismo momento y bajo el mismo aspecto; pero con la convicci;n de que eso es algo que s;lo al poeta, al genio, es dado captar y expresar: Con ambas siempre en lucha / y de ambas vencedor, / tan s;lo al genio es dado / a un yugo atar las dos .  b  \r% $ Bibliograf1a  \& (% " Dmaso Alonso, Poes1a espa9ola. Madrid: Gredos, 1971 (5 ed.).  \T(  " Marc Beigbeder, Contradiction et nouvel entendement. Par1s. Bordas, 1972.#  \)  " Carlos Bouso9o, Teor1a de la expresi;n po)tica. Madrid: Gredos, 1970 (5 ed.).#  \8+  " Antonio Machado, Juan de Mairena. Buenos Aires: Losada, 1968 (4 ed.), 2 vols.#8+o.,,55Ԍ \  " Lorenzo Pe9a, Tres enfoques en l;gica paraconsistente , Contextos, n 3 y 4 (1984), pp. 81130 y 4972 resp.#  \l   " Lorenzo Pe9a, La coincidencia de los opuestos en Dios. Quito: Educ, 1981.#  \   " Lorenzo Pe9a, El ente y su ser: un estudio l;gicometaf1sico. 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