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La deficiencia entitativa: el noser, la mutabilidad, el mal Xkk 2." Cabe reducir el mal a una carencia puramente negativa o a un mero accidente sin realidad?#k 3." Los dos sentidos de nihil   Rs 4." Conclusiones   Z6   0." Consideraciones introductorias ' v  kkEl presente trabajo es un estudio semntico acerca de algunos textos agustinianos. Aparece en la pluma de Agust1n esta cuesti;n tra1da por sus concepciones metaf1sicas y )ticas. A tenor de la primera, danse grados diversos de realidad "e incluso parece sugerirse una necesaria densidad de la escala de dichos grados", de tal modo, empero, que hay un solo ente suma y absolutamente real: Dios, identificado con la Existencia, la Verdad, el Bien y la Belleza. kkLa concepci;n )tica agustiniana, por su parte, hace estribar el bien en el ser; algunas veces, ello se entiende como identificaci;n del grado de realidad con el de bondad; otras veces empero "segCn lo veremos" hace Agust1n, mucho ms juiciosamente, estribar el bien, para un ente, en ser (existir) tanto como pueda ser, tendiendo hacia lo ms real y, en Cltima instancia, hacia la realidad suma, mientras que el mal estribar1a, no en mero noser (e.e. no se identificar1a sin ms el grado de inexistencia de algo con su grado de maldad o malicia), sino en ser (existir) menos que lo que podr1a ser y ser1a de adherirse a la realidad superior a dicho ente. kkEsas concepciones metaf1sica y )tica (que no estudio aqu1, pues las he tratado en otro lugar: La identificaci;n agustiniana de Verdad y Existencia: una defensa filos;fica , que aparecer en las Actas del II Encuentro de la Sociedad CastellanoLeonesa de Filosof1a), sobre llevar a nuestro autor a reconocer grados menores de existencia, los cuales comportan que haya cosas a la vez existentes e inexistentes (y, en relaci;n con ello, declara, a sabiendas de lo que dice, que no es universalmente verdadero el principio aristot)lico de no Z" contradicci;n: vide Esquirid;n, cap. 14: BAC, vol. IV, p. 413), obl1ganlo a plantearse el  Z# problema de si "en virtud de los principios plat;nicos, a los cuales )l se atiene, de  Z$ participaci;n (lo que tiene una determinaci;n ti)nela o por ser id)ntico a tal determinaci;n  Z% o por participar en ella) y de superlatividad (lo Cnico que posee plenamente una determinaci;n es esa propia determinaci;n, la cual, pues, se posee a s1 propia en un grado mayor que cualquier grado en que sea pose1da por otra cosa) no es menester postular una  Z( Forma o determinaci;n del noser, una Propiedad subsistente de Inexistencia, la nada en suma, que ser1a aquello teniendo y por tener lo cual ser1an inexistentes (en la medida en que lo sean) los entes no plenamente reales (e.e. las criaturas). La dificultad que entonces surge es que, por el principio de superlatividad, esa Propiedad subsistente (e.d. existente "en el grado que sea) de no ser deber1a tenerse plenamente a s1 misma "siendo lo Cnico en tener en grado sumo esa misma propiedad de noser; pero eso querr1a decir que no existir1a enL-=o.o.o. absoluto. Ahora bien, aunque niega S. Agust1n "al igual que lo hab1a hecho antes Plat;n, a quien tanto sigue el Obispo de Hipona en sus principales orientaciones filos;ficas, adaptndolas eso s1 a su visi;n te1sta del mundo, la verdad universal del principio de (mera) no contradicci;n (dos opuestos no pueden estar a la vez en lo mismo y bajo el mismo  Z aspecto), jams niega en cambio la del principio de no supercontradicci;n, a saber aquel que estipula que nunca se dan en una cosa a la vez las dos situaciones de que la cosa tenga  Z una propiedad y carezca completamente de ella, e.d. que nunca son compatibles el est con  Z el omnino (o penitus, o prorsus) non est; o, lo que es lo mismo, que el est excluye  Z (totalmente) al nequaquam est, y viceversa. kk(Incidentalmente cabe notar que no es s;lo un fil;sofo como Agust1n quien practica esa diferencia de uso entre la negaci;n simple, el mero no , por un lado, y por otro lado  Z la negaci;n fuerte "o supernegaci;n", el no8 en absoluto  " omnino non  o nequaquam ", sino que todos la practicamos y la sentimos en el manejo cotidiano del lenguaje. Pu)dese, p. ej., decir de un ni9o que no es travieso, aunque quien lo diga se resista en cambio a decir que no lo sea en absoluto: puede que el ni9o sea y no sea travieso, lo uno y lo otro hasta cierto punto, por lo cual, de suceder as1, ser1a totalmente falso "no s;lo a secas" que no es travieso en absoluto. Quienes se admiran ante esta dualidad de negaciones, como si se tratara de un invento artificial de ciertos l;gicos, par)cenme sordos a su propio sentimiento lingG1stico.) kkA una supercontradicci;n estar1amos abocados si aceptramos la existencia de grados de verdad junto con los dos principios susodichos. Ante tal consecuencia, estar1ale abierto a S. Agust1n un portill;n de escape: matizar alguno de tales principios "pues la otra alternativa imaginable, abandonar la tesis de grados de verdad, har1a desmoronarse todo el edificio doctrinal de la filosof1a agustiniana. kkSin duda por ah1 podr1a caminar un intento de reconstrucci;n filos;fica del agustinismo que restaurase la coherencia (ausencia de supercontradicci;n) sin sacrificar las tesis centrales de la metaf1sica y la )tica agustinianas. Ser1a eso tarea que debieran afrontar quienes estuvieran hoy dispuestos a batirse en serio por sostener "y articular ellos mismos poniendo manos a la obra" la vigencia del pensamiento filos;fico agustiniano. Por mi parte, algo de eso emprend1 en la ponencia ms arriba citada (en la Secci;n final de la misma). kkMuy otro "y mucho ms modesto" es, en cambio "y segCn qued; dicho al comienzo", el tema del presente estudio. En el transfondo de esa problemtica, e indeciso que est en la encrucijada, no acertando a encontrar el camino (y, lo que es ms, perplejo acaso tambi)n por entrever dificultades teol;gicas agazapadas al borde de un sendero que "gracias tal vez a la atenuaci;n del principio de superlatividad" pudiera reconciliar l;gicamente la postulaci;n de grados de inexistencia con el principio de participaci;n, dificultades que se cifrar1an en que Dios habr1a creado necesariamente el noser, lo cual, ms que una alternativa frente al manique1smo de su juventud, podr1a parecer "aunque a mi juicio equivocadamente" una reviviscencia de esa doctrina), ms que refugiarse S. Agust1n en el equ1voco entre dos sentidos de nihil , enr)dase en esa bivocidad de la palabra; s;lo gracias a esa confusi;n "que sin embargo en varios pasajes cuesta trabajo pensar que haya escapado totalmente a su perspicaz mirada", logra, no resolver, sino soslayar el ingente problema metaf1sico que lo est acechando todo el tiempo: el problema de c;mo compatibilizar con la necesidad de la creaci;n y con el reconocimiento de que Dios es]*o.,,:: hacedor del noser y, por ende, del mal, los dos principios teol;gicos de la libertad de Dios  Z en sus acciones ad extra y de la omnibenevolencia divina. kkCuestiones que, naturalmente, no he de abordar aqu1 (mas si juzgo que quepa articular una soluci;n que no sin total base podr1a llamarse neoagustiniana "vide mi libro  Z< La coincidencia de los opuestos en Dios). kk Limitar)me aqu1, pues, a analizar esos usos del vocablo nihil  en la pluma de S. Agust1n, aunque por supuesto en el transfondo de la aludida problemtica filos;fica. Conque, si bien este estudio es de carcter lingG1stico (semntico), no puede omitirse su dimensi;n filos;fica.   ZF  1." La deficiencia entitativa: el noser, la mutabilidad, el mal  Z '  kkPara Agust1n la mutabilidad es se9al y consecuencia ineluctable de la inexistencia: cuanto, por ser inexistente (en uno y otro grado), no tiene plena realidad es, en esa medida, mutable, sujeto a las vicisitudes del flujo temporal. Los entes s;lo son: o bien increados "y el Cnico increado es el propio Dios, que se identifica con todos sus atributos y hasta con las ideas ejemplares en su intelecto; o bien creados. Los creados son, todos ellos, mutables, sometidos as1 a la fluctuaci;n y, por ende, al noser; ya que, si una cosa est en un estado ahora y luego ya no, algo habr dejado entonces de existir, a saber el estado en cuesti;n de  ZD la cosa: y para Agust1n "en virtud de un principio que podemos llamar de involucramiento lo que afecta a un estado o determinaci;n de una cosa afecta a esa misma cosa (aunque debo advertir que ese principio, sin ninguna matizaci;n, da lugar a muy serias dificultades). kkS;lo Dios existe plenamente. Todo lo dems es irreal "en uno u otro grado: Et inspexi caetera infra Te et uidi nec omnino esse nec omnino non esse: esse quidem quoniam abs Te sunt; non esse autem quoniam id quod es non sunt. Id enim uere est quod  Zb incommutabiliter manet  (Conf 7, II, 17: BAC, vol. II, p. 287). Por eso nos dice Agust1n  ZU que los entes inmersos en el tiempo cum oriuntur et tendunt esse, quo magis celeriter  ZH crescunt, ut sint, eo magis festinant, ut non sint (Conf 4, 10: BAC. vol. II, p. 172; cf. De  Z; Mor. man. 2, 6: PL de Migne 32, 1348: cuanto se corrompe tiende de suyo al noser). N;tese bien que "segCn parece claro en los ms textos agustinianos" la ra1z de la mutabilidad es el noser, no al rev)s. Por su parte, el mal no es sino una deficiencia ;ntica,  Z existencial, que acompa9a a la criatura por no existir plenamente; la criatura viene ex y de  Z nihilo y, por ello, contiene nihil. kkLas ms veces que S. Agust1n usa el vocablo nihil  empl)alo como un cuantificador universal negativo, e.d. como un operador resultante de componer la negaci;n con el cuantificador existencial: nihil  abrevia non8 aliquid . (As1, por poner un ejemplo entre  Z?$ mil, nihil est autem superius Deo , en Ciu. Dei 14, 13, 1, significa, no que la nada sea superior a Dios, sino que nada es superior a Dios, e.d. que no es verdad que exista algo superior a Dios). Mas no siempre es as1. Hay asertos agustinianos en los que nihil  s;lo puede verterse como la nada  o una nada ; son asertos afirmativos, que no admiten la  Z( parfrasis por non8 aliquid . As1 en Ciu. Dei 14,13,1, dice S. Agust1n ut autem ab eo quod est deficiat natura habet ex hoc quod de nihilo facta est. Nec sic defecit homo ut omnino nihil esset: sed ut inclinatus ad se ipsum minus esset quam erat cum ei qui summe est inhaerebat. Relicto itaque Deo esse in semetipso, hoc est sibi placere, non iam nihil esse est sed nihilo propinquare .+o.,,::ԌkkVale la pena pensar en c;mo traducir esa declaraci;n: el apartarse una naturaleza de  Z aquello que es ti)nelo del hecho de que es de nihilo; no se apart; el hombre (de Dios, del Esse Ipsum) de tal modo que de resultas de ello volviera a no ser nada, pero s1 es verdad que, al haberse inclinado a s1 mismo, exist1a menos que cuando se hab1a adherido a aquel que existe sumamente; el existir en s1 mismo, e.e. agradarse a s1 mismo, habiendo abandonado a Dios, ciertamente que ya no es no ser nada, mas s1 es acercarse a la nada. En ese pasaje tenemos varias ocurrencias de nihil . Sin duda S. Agust1n parece no darse cuenta de que oscila entre dos sentidos de tal vocablo; pero de hecho s1 se da tal oscilaci;n. Al decir que la criatura est de nihilo  no se est diciendo que est) hecha con o de un material que sea la nada, sino que no hay material alguno de o con el cual est) hecha; pero  Zl as1 y todo ya ah1 se est connotando o sugirendo que contiene nihil en un sentido positivo,  Z_ que hay en ella un noser, puesto que es eso (su ser de nihilo, que no por ser una deficiencia  ZR deja de ser algo) lo que le permite apartarse del que es, del Cnico que existe "del Cnico que existe verdaderamente, plenamente, absolutamente; con ese apartamiento, la criatura cae en un grado de realidad todav1a menor que el que ten1a antes de la aversi;n a Dios y que hubiera conservado de no ser por ese apartarse de Dios. Similarmente en su escrito In Sec.  Z XI afirma Agust1n que el diablo minus esse coepit quam erat con su ca1da y que, cuanto  Z  menos ser tiene algo, tanto uicinior nihilo est. kkObviamente esta Cltima aserci;n no puede parafrasearse de tal modo que nihil  se reemplace por non8 aliquid  o non8 quicquam , dici)ndose entonces que, en esa medida,  ZV tanto non uicinior quoquam est o cosa semejante: aparte ya de que, tal cual, es dudoso que sea sintcticamente aceptable tal oraci;n "la clusula correlativa ha de estar en afirmativa", es palmario que no nos est diciendo nuestro autor que, al tener menos ser un ente, )ste es tal que es menos cierto que haya algo a lo que est) cercano. No! Pues, como hay una escala en los grados de ser, si un ente es menos que otro pero ms que un tercero, puede que, al disminuir su grado de entidad o existencia, se haga todav1a ms cercano a ese tercero, que ser1a el menos real de los tres. kkNo s;lo resulta evidente que tal sucede "si se aceptan los grados de existencia y posibilidad de que un ente vea alterado su grado de ser", sino que est bastante claro que  ZG S. Agust1n ha de ver as1 las cosas, puesto que, como cree que in tantum boni sumus in  Z: quantum sumus (cf. V. Rel. 18,35: BAC, vol. IV, p. 101; Conf. 13, 31, 46: BAC, vol. II, p.  Z- 596; De Diu. quaest. 24), y tambi)n que los hombres malos sonlo menos que el diablo, pero desde luego unos peores que otros, resulta inveros1mil que no extraiga de ah1 la conclusi;n de que un hombre peor que otro est ms cercano al diablo que ese otro hombre "y, por consiguiente, s1 hay algo a lo que est) ms cercano (lo cual es igualmente cierto si, en vez de compararse dos hombres diferentes, comprase un hombre en un momento con )l mismo en otro momento).  ZK$ kkEn In Secundinum XVII d1cenos el Obispo de Hipona que el diablo es malo precisamente en esto, a saber: en que tiene menos ser que el que hubiera tenido de haber  Z/& amado a Aquello que existe sumamente (quia minus quam esset si id quod summe est  Z"' dilexisset). La maldad consiste en sermenos, en la disminuci;n del grado de ser con respecto al que se tendr1a adhiri)ndose al Ser mismo, a lo Cnico plenamente real, que es  Z) Dios. (Vide al respecto Ciu. Dei 12, 6: qui magis essent si ei qui summe est adhaererent, se illi praeferendo id quod minus est praetulerunt. Hic primus defectus8 primunque uitium eius naturae, quae ita creata est, ut nec summe esset, et tamen8 eo qui summe est frui posset, a quo auersa non quidam nulla sed tamen minus esset, atque ob hoc misera fieret :+o.,,::  Z BAC, vol. XVI, pp. 6678; vide tambi)n cap. 7, ibid p. 671 y cap. 8, p. 672. Cf. Nat. boni:  Z 17: BAC, vol. III, p. 836). kkAhora, ese sermenos es algo; estriba en algo y radica en algo: estriba en una  ZK remissio, que es lo contrario a la intensificaci;n; radica en aquello que se incrementa con  Z> tal remissio, que es la participaci;n en el no ser. Esta sigue ah1, rondndonos como un  Z1 fantasma. C;mo es que hay noser? C;mo es que existe la inexistencia? (Y, desde luego, S. Agust1n sostiene que hay noser, que el noser existe: res enim quaelibet8, si mutabilis est, non uere est; non enim est ibi uerum esse ubi est et non esse : In Eu, Ioh. 38, 10: BAC, vol. XIV, p. 38). kkEl problema no reside tan s;lo en que, si hay noser, existe algo inexistente: eso ser1a meramente una ms de las muchas contradicciones verdaderas que reconoce nuestro autor,  ZO expresamente a veces (p. ej. en el cap. 14. del Enquiridi;n al decir que illa dialecticorum  ZB regula deficit qua dicunt nulli rei duo simul inesse contraria: BAC, vol. IV, p. 413), tcitamente otras veces. Estriba antes bien la dificultad, segCn vino anunciado ms arriba (en las pginas introductorias de este trabajo), en que el noser, la inexistencia o falsedad, ser1a "por el principio de superlatividad" lo ms irreal de todo y hasta totalmente irreal. Esto Cltimo ser1a un absurdo, una supercontradicci;n. kkRecordemos que Plat;n y S. Agust1n reconocen, s1, que se dan contradicciones verdaderas; pero nunca jams sugieren que pueda ser verdadera una supercontradicci;n, e.d. una f;rmula del tipo est et nequaquam est : es y no es en absoluto . Cualquier  ZB supercontradicci;n es absurda, siempre totalmente falsa "no s;lo falsa a secas, mientras que una mera contradicci;n ser falsa, pero puede que no lo sea totalmente, e.d. puede que,  Z& adems de ser falsa, sea tambi)n verdadera.   Z  2." Cabe reducir el mal a una carencia puramente negativa o a un mero  Z accidente sin realidad? ' kkDe ninguna manera puede constituir una Cltima palabra acerca del problema del mal  Z? el hacerlo estribar en una privaci;n. Hacer tal cosa es reducirlo a una privaci;n en sentido  Z2 negativo: una privaci;n en sentido negativo ser1a la falta de algo mas concebida no como  Z% siendo, a su vez, algo, sino como mera faltade, y, a fuer de tal, como no dndose (no  Z existiendo, no estando ah1, en la realidad), aunque s1 se pueda hablar como si se tratara de algo. A tenor de semejante tratamiento de las carencias o privaciones, entendi)ndolas como puramente negativas, decir que hay en un pa1s falta de cierto recurso natural ser1a no ms un modo (confundente) de decir que no se da en )l ese recurso natural; y punto (no habr1a ya nada que a9adir "salvo eventualmente descartar la ocurrencia de que ese nodarse el recurso natural en cuesti;n sea un cierto algo). Muchos argumentos abonan a favor de tal reducci;n "argumentos que desde Arist;teles en adelante han seducido a muchos fil;sofos; c1franse en un argumento de comodidad (no es inc;modo postular que encima de la mesa se est dando ausencia de diamantes y de8?). As1 y todo que tales argumentos son a la postre flacos mu)stralo el hecho de cun instisfactorio resulta considerar que el mal sea una  Z( privaci;n en sentido meramente negativo (como lo sugiere S. Agust1n en Ciu. Dei 12, 7, al decir: Nemo quaerat efficientem causam malae uoluntatis; non enim est efficiens, sed deficiens; quia nec illa effectio est, sed defectio ): no puede, pues, constituir una respuesta  ZY+ Cltima al problema del mal el decir que non est ergo malum nisi priuatio boni (Enquiridi;n,Y+o.,,::  Z c. 11). Est basada esa reducci;n en los argumentos con que se avala la equivocada tesis de que las privaciones no existen (tesis que desconoce que las privaciones son estados reales, con sus causas y efectos, estados que cabe esperar o temer, lamentar o celebrar): neque enim id agitur, cum adbibetur curatio, ut mala ista quae inerant, id est morbi ac uulnera, recedant hinc et alibi sint; sed utique ut non sint. Non enim ulla substantia, sed carnalis substantiae uitium est uulnus aut morbus  (ibid., BAC, vol. IV, p. 409). Cabe ante todo rese9ar que en ese pasaje S. Agust1n, si est negando completamente la realidad de las carencias, y si reduce la enfermedad a una carencia, deja sin respuesta interrogantes como )stos: qu) se deplora cuando se deplora una enfermedad? Algo o nada? En qu) difieren unas enfermedades de otras? No puede tambi)n decirse que la salud es mera ausencia de enfermedad? No hay nada que cause la enfermedad "o alternativamente la salud? Cabe notar, empero, que es ambiguo ese texto "al igual que lo que en ese lugar sigue hasta el final del cap1tulo. No se dice expresamente que no existan las carencias o privaciones, sino s;lo que no son sustancias, raz;n por la cual, al recuperar o conseguir una sustancia una cualidad o perfecci;n de la que estuviera previamente privada, no subsiste algo que haya sido de ese modo perdido por la sustancia y que pase ahora a estar en otro lugar, sino que  Z lisa y llanamente deja de existir la privaci;n (ea quae ibi erant nusquam erunt, quando in  Z illa sanitate non erunt: ibid.). (Y cuadra eso con el hecho de que en su pol)mica antimaniquea "reiniciada en los escritos antipelagianos, al tener que deslindar S. Agust1n su posici;n de entonces del manique1smo, en el que dec1an los pelagianos que hab1a  Z reincidido, reproche esto a los seguidores de Manes, a saber: uitium non substantiae  Z accidens, sed substantiam putant esse: C. Iul. op. imp. 3, 189). Ahora bien, ese vicio, esa enfermedad, esa privaci;n, ese pecado son algo o no son nada en absoluto? Si s1 son algo, conc)dase que no son sustancias; sern accidentes. Pero son buenos en la medida en que  Z son? No s;lo dice S. Agust1n que toda cosa es buena en la medida en que existe (vide De  Z diu quaest. 24: omne autem quod est, in quantum est, bonum est) y que, por ende, toda  Z criatura es buena (Enquirid;n, c. 12, BAC, vol. 4, p. 410), sino que expresamente dice que aun la criatura mala es siempre en alguna medida, por diminuta que sea, buena (ibid. cap.  Zj 13, p. 412: Non igitur potest esse malum nisi aliquod bonum). Mas, entonces, no son criaturas los vicios, las heridas, las enfermedades, las privaciones, y hasta la preferencia por lo menos bueno en vez de por lo mejor "preferencia en que consiste propiamente el mal  Z? segCn lo repite Agust1n en muchos lugares (p. ej. In Sec. 12: el mal es inclinatio ab eo quod  Z2 magis est ad id quod minus est; cf. L. Arh. 2, 19, 53; V. Rel. 20, 38)? Si son accidentes, algo son; por tanto, criaturas. Luego no s;lo ser tambi)n buena toda naturaleza mala, sino que el propio mal de esa naturaleza ser, )l mismo, bueno en uno u otro grado "en aquel grado en que exista, o sea en que no est) existiendo ah1 la perfecci;n en cuya privaci;n consista. kkEs ms: si se quiere hacer retroceder la dificultad diciendo que, si bien es algo real el vicio, el mal acto o la mala omisi;n, su mal (o sea: su ser algo malo) no es empero nada "pues no ser1a sino una privaci;n negativamente entendida", resulta claro que por tal manera se ha desencadenado una regresi;n que nada resuelve. As1 pues, falla el intento agustiniano de solucionar esta cuesti;n del mal meramente insistiendo en que lo malo es un  Z( mero actuar o padecer, pero que facere autem et pati non est substantia (V. Rel. 20, 39 sub initio: BAC vol. 4, p. 104). kkSi el mal es privaci;n, es un noser; pero un noser que es, no un noser que carezca totalmente de realidad; tiene, pues, como ra1z el noser mismo, del cual, por consiguiente,_+o.,,:: habr de participar. (Acerca de la confusi;n que padece nuestro autor entre los sentidos  Z positivo y negativo de nihil  y expresiones afines como non esse  vide De imm animae  Z 12, 19, donde nihil est essentiae contrarium  admite indistintamente ambas lecturas). kkCon todo, quedar1ale a S. Agust1n un recurso para zafarse de esa dificultad: sostener que los accidentes no existen "o sea: que, en la realidad, son id)nticos el accidente singular de una sustancia y esa misma sustancia individual, la cual tendr1a una perfecci;n en s1 indescomponible y que, sin embargo, la mente seccionar1a, abstrayendo la sustancia misma, por un lado, precisivamente tomada y, por otro lado, los accidentes de la misma, aquellos por tener los cuales la sustancia semejar1ase a otras, sin que no obstante significara ello que hubiera algo teniendo lo cual todas esas sustancias ser1an semejantes, sino que lo Cnico que existir1a ser1a cada una de tales sustancias. Si es o no inteligible tal doctrina es asunto  Z controvertido. Mas n;tese que ese g)nero de enfoques es lo caracter1stico del re1smo ĩas1 llamado con relaci;n en particular a la doctrina de T. Kotarbinski y a la del Cltimo Brentano (doctrina que guarda estrecha afinidad con el conceptualismo en lo tocante a los universales" que no es en el fondo sino una variante del nominalismo: para un conceptualista no hay un serhombre, sino que s;lo existen hombres, que ciertamente coinciden en que son hombres, sin que eso signifique empero que haya algo en lo que coincidan). S. Agust1n parece inclinarse a tal posici;n en sus Enarraciones sobre los Salmos (68, 1, 5) al decir que  Zl lo que no es sustancia no es nada y que ser sustancia es ser algo (vide De doctrina  Z_ christiana 1, 2: quod enim nulla res est, omnino nihil est: BAC, vol. XV, p. 59; y S. Agust1n a veces parece considerar que res = substantia = natura = essentia). Por ese camino  ZC parece tambi)n marchar el Obispo de Hipona en Contra Duas Epistolas Pelagianorum 2, 2, 2, al insistir como lema de la lucha antimaniquea en el principio de que el mal non natura, sed uitium est : entonces efectivamente, cabr a la vez decir que el mal estriba en  Z nihil y, sin negar que en cierto sentido se da , negar que tenga existencia "y, por ende, que proceda de Dios", al sostenerse que en la realidad existe la naturaleza que hace el mal, pero no el mal que hace; esa naturaleza en s1 ser1a un bloque monol1tico y sin fisuras ontol;gicas, que, en su entidad indescomponible, ofrece no obstante base para que la mente separe en ella su misma naturalezacomotal, algo bueno siempre, y su maldad, la cual empero no existir realmente como tal . kkS;lo que a tal punto de vista cbele objetar que, si en la realidad identif1case la naturaleza mala ( mala  por cuanto obra mal) con su maldad "si entre una y otra media una distinci;n de raz;n Cnicamente", entonces cuanto sea verdad de la una lo ser de la otra: ser, pues, verdad que la naturaleza (mala) no procede de Dios. Para soslayar tal conclusi;n ser menester sacrificar el principio de indiscernibilidad de los id)nticos "y enfrascarse as1 en un laberinto en el que no cuente para la verdad tan s;lo qu) se diga, sino c;mo se diga (a lo cual estn abocados los utilizadores escolsticos de ese g)nero de expediente). kkSucede, empero, que, adems de suscitar dificultades filos;ficas seguramente insalvables (como la de que, si en la realidad no hay diferencia alguna entre el nimo y sus afecciones, entonces no hay ni siquiera un real fundamento para una distinci;n de raz;n  "sea tal distinci;n lo que fuere, que nunca nadie lo ha aclarado" y, por ende, todo lo que se predique con verdad de una mala afecci;n predicar1ase con la misma verdad del nimo y viceversa, con lo cual tendrse que esa mala afecci;n ha sido hecha por Dios), no cuadra esa desontologizaci;n de cuanto no sea una sustancia "e.d. de cualesquiera propiedades o determinaciones de la sustancia" con una tesis que expresamente propugna Agust1n, a saber:*o.,,:: la de que ciertas afecciones o determinaciones del nimo, ciertos accidentes  (para decirlo aristot)licamente) s1 son hechos por Dios.  ZX kkEsas determinaciones insunt en las sustancias de ellas portadoras (vide Nat. boni 15:  ZK BAC, vol. III, p. 834). En Lib. arb. 2, 18 (BAC, vol. III, pp. 3289) reclcase que la  Z> voluntad y la libre voluntariedad (liberum arbitrium) son bienes y, por consiguiente, vienen  Z1 de Dios (son a Deo y ex Deo, aunque no sean de Deo, por supuesto). Igualmente en el cap. 19 (ibid., pp. 3323) sosti)nese que son buenas las virtudes, de donde resulta por el mismo razonamiento que vienen de Dios. As1, cuando Agust1n pasa a sostener que no viene de Dios el movimiento por el que se aparta la voluntad del bien inmutable (cap. 20, ibid. pp. 3368,  Z cf. todo el libro III, pp. 339 55 y tambi)n Nat boni, 28, ibid. pp. 8478), parece creer que es respuesta bastante el decir que esas malas afecciones vienen de la propia voluntad. kkEn cualquier caso, lo que parece claro es que, s1 desea de veras nuestro autor sostener que, viniendo de Dios, son buenas (y, por consiguiente, entes, existentes) las determinaciones del nimo no censurables, como las virtudes y la voluntad misma, entonces no le ser l1cito, en buena l;gica, rechazar la existencia de cuanto no sea una sustancia, o identificar con la sustancia a sus determinaciones. As1 aparece la inconsecuencia de pasajes  Z como Gen. imperf. 2, 3: mala uero non esse naturalia8 non in rebus istis sed in usu earum  Z non legitimo [est peccatum] (BAC, vol. XV, p. 408). Existe tal uso? Entonces algo es: ser una determinaci;n del nimo; y ya hemos visto que Agust1n no rechaza la existencia de determinaciones del nimo (diversas al parecer del propio nimo). kkLuego tambi)n ese uso deber venir de Dios "y por ende ser, en alguna medida, algo bueno. Es ms: en sus escritos antipelagianos vendr el Santo a reconocer que cuanto sucede  Z& sucede porque Dios lo quiere y hace que suceda "incluso las voliciones humanas, vide De  Z correptione et gratia 14, 45 y 15,47 (BAC, vol. VI, pp. 186 ss): Dios ha hecho y hace cuanto quiere y tiene en su poder las voluntades de los hombres ms de lo que )stos las tienen; y a menudo, cuando se dice que quiere Dios esto o lo otro, signif1case tan s;lo que Dios nos hace querer eso o lo otro. (Y eso no va en desmedro de la libre voluntariedad,  Z liberum arbitrium; pues, como lo dice S. Agust1n en Lib. arb. 3, 3, 8 (BAC, vol. III, p. 351), una voluntad necesitada no por ello deja de ser voluntad; y la voluntad es, pues, siempre, algo que uno tiene en su poder, dado que el tener algo en poder de uno es que a uno no le falta ese algo cuando lo quiere; ahora bien, la voluntad nunca puede faltarle a uno, e.d. nunca puede suceder que uno quiera querer y no quiera (no logre querer). kkSin duda incurre ah1 Agust1n en la ingenuidad de creer que siempre se da libre  Z voluntariedad, o sea adecuaci;n de la decisi;n de hacer algo a la intenci;n de hacerlo, siendo la intenci;n lo mismo que la decisi;n de decidirlo. En cualquier caso, no obstante,  Z" el liberum arbitrium no es el indeterminista libre albedr1o "de los aristot)licos y muchos otros fil;sofos y te;logos", consistente en una indiferencia total por la cual la voluntad decide sin que su decisi;n venga causada por nada en absoluto, o sea de tal modo que, una vez puestos todos los requisitos para la decisi;n, lo mismo puede )sta ser tomada por la voluntad que no tomada, lo mismo puede ser tomada una decisi;n que otra decisi;n diversa o aun opuesta. kkAs1 concebido, el libre arbitrio es desde luego incompatible con la predeterminaci;n divina de las acciones humanas "y, por eso, se las vern y se las desearn los tomistas para defender su tesis de la premoci;n f1sica sin abandonar abiertamente la doctrina aristot)lica*o.,,:: del libre albedr1o; y, desde la ortodoxia peripat)tica, llevarn contra ellos las de ganar los adeptos de la escuela jesu1tica, como Molina y Surez. kkPara Agust1n, en cambio, la voluntad es libre "con libre voluntariedad" siempre que quiera lo que quiere querer, aunque esa secuencia de decisiones est) predeterminada por otras causas y en Cltimo t)rmino por Dios; no por ello deja de ser uno responsable de tales decisiones, pues )stas no le son impuestas en contra de sus intenciones; sobre todo esto vide  Z mi libro La coincidencia de los opuestos en Dios, Quito, Educ, 1981, pp. 3889.  Z kkTiene, pues, raz;n Juan Pegueroles, en S. Agust1n: un platonismo cristiano, Barcelona PPU, 1985, p. 235, al decir: La libertad agustiniana no se mide por la capacidad de elecci;n (entre varios bienes)8 La necesidad, por ms parad;jico que parezca, es un elemento esencial de la libertad agustiniana .  Z kkRetornando, pues, al texto arriba citado del De correptione et gratia, cabe se9alar que lo que no nos dice ah1 el Santo es si hay algo que sea indiferente a la divina voluntad; si no lo hay "como parece probable", entonces para cada volici;n posible de alguien, o bien Dios decide que )sta tenga lugar, y as1 suceder, o bien decide que no tenga lugar, y no se producir tal volici;n. kkPero entonces toda buena o mala volici;n "al igual que toda buena o mala abstenci;n de querer" vendrn de Dios, al menos como causa concurrente. De ah1 que a la postre sirva de poco el intento "pasajero y titubeante" de sentitativizar las determinaciones de la sustancia. Con lo cual siguen en pie los mismos problemas con los que nos las estbamos habiendo.   Z A 3." Los dos sentidos de nihil  ' kkS. Agust1n se ha refugiado, pues, en la nihilidad del mal como v1a de escape frente a la hipostatizaci;n del principio del mal por los maniqueos; ha defendido un optimismo  Z ontol;gico a cuyo tenor todos los entes quamdiu sunt bona sunt (Conf. 7, 12, 18: BAC, vol.  Z II, p. 288); pues omnia eo ipso quo sunt iure laudanda sant, quia eo ipso quo sunt bona  Z sunt (Lib arb. 3, 8, 21: BAC, vol. III, p. 366). Toda obra de Dios es buena y todo, salvo Dios, es obra de Dios, ya que lo hecho por algo hecho por Dios es, tambi)n ello, hecho por Dios. kkResu)lvese as1 el problema? O bien se agrava, o se desplaza? Porque si es bueno lo real, en la medida en que lo es, entonces ser malo en la medida en que no es; si algo esynoes, no es : tiene noser; existe, pues, tal noser, principio de la inexistencia, la deficiencia ontol;gica y el mal en las criaturas. S;lo que no se ve c;mo, si es que ha de ser "como parece" del todo inexistente. Y, si s1 existe es obra de Dios? No ha vuelto S. Agust1n, por otra senda, a la posici;n maniquea, hipostatizando, tambi)n )l "s;lo que dentro de los esquemas ontol;gicos del platonismo, un principio de la deficiencia ontol;gica, del mal en suma? kkUna lectura en ese sentido de la concepci;n del Santo viene desarrollada en un  Z( ap;crifo pseudoagustiniano, el Liber Soliloquiorum animae ad Deum (Migne PL XL), en cuyo cap. V aparecen asertos como los siguientes: inquietudines meae ad nihilum duxerunt me  "un texto de los Salmos"; et ideo sine te factus sum nihil , quia nihil est quod ad* o.,,:: nihilum ducit ; quia te deserens, nihil fiebam ; cum igitur fui sine te, non fui, sed nihil fui ; en el cap. IV d1cese: Nam per ipsam mortem ad nihilum tendimus . kkExpresiones que tienen su origen en la pol)mica de S. Agust1n contra los maniqueos.  ZI En In Secundinum XI dice el Santo: deficere autem non iam nihil est, sed ad illum  Z< tendere ; in In Sec. VIII: la criatura potest uergere ad nihilum. En V. Rel. 20, 37 (BAC, vol.  Z/ 4, p. 103) d1cese que las criaturas per se ipsa nihil sunt.  Z kkACn ms interesante al respecto es un texto de Lib. arb. (3, 8, 22: BAC, vol. III, pp.  Z 3678), donde, tras sostenerse que non esse non est aliquid, sed nihil (lo cual, desde luego, es una declaraci;n ms en la serie de negaciones agustinianas de la existencia de algo que sea el noser o la nada), deduciendo de ah1 que nadie puede preferir noser (antes que ser desgraciado), pues quien prefiere, algo prefiere, incurre a rengl;n seguido en la inconsecuen ZQ cia de reconocer que s1 hay quienes eligen "as1 sea equivocadamente" el noser: aut si nullos se futuros omnino crediderunt, multo minus falsa electio nihil elientium commouebit. Quomodo enim sequar eligentem a quo si quaeram quid eligat respondebit: Nihil? Nam qui  Z& eligit non esse, profecto se nihil eligere, etiamsi hoc nolit respondere conuincitur. kkBien, por un lado en esas l1neas est S. Agust1n reconociendo que a lo mejor hay quien se suicida aun creyendo que con su muerte dejar completamente de existir para siempre; y. siendo ello as1, escoger (preferir) el noser, la nada; pero "y es )sa su refutaci;n de tal actitud", quien as1 piense contestar a nuestra pregunta acerca de qu) cosa elige: Nihil ; contesta, pues, que nada escoge. Pero quien, al decir eso, da muestras de inconsecuencia es el propio Agust1n. kkEn efecto: si nuestro autor piensa "como claramente lo da a entender en ese pasaje" que s1 puede haber quien escoja noser, entonces es )l quien debe decir qu) es lo que escoge tal suicida; debe de decirlo, pues es )l (no el suicida) quien est describiendo la situaci;n.  Z~ (La refutaci;n de Agust1n valdr1a a lo sumo como un argumento ad hominem que pondr1a al suicida entre la espada y la pared a la hora de exponer su propia actitud.)  Z kkY descr1belo Agust1n diciendo que ese suicida prefiere el noser, la nada: nihil  Z eligentium electio, la elecci;n de quienes escogen la nada; pero escoger la nada no es lo  Z mismo que no escoger nada: nihil eligere "en ese sentido de nihil  como un sustantivo,  Z en el que la frase equivale a nonesse eligere" es muy diferente de non eligere quicquam  Z (o aliquid): nada escoge quien no toma decisi;n alguna; escoge la nada quien, con esa creencia, decide suicidarse. Agust1n, pues, en el mismo momento en que ms claramente se ve llevado por su propio anlisis a un reconocimiento de la realidad del noser, retrocede ante ella y aparece enredado en la malla del doble sentido de nihil . kkA mayor abundamiento resulta patente cun implausible y dif1cil ser1a en general (y hasta en varios casos cun inveros1mil y hasta impracticable) el parafrasear todas las frases citadas ms arriba de suerte que se eliminara en cada caso nihil  colocndose en su lugar un quicquam  o aliquid  y negndose la clusula o menor oraci;n (principal o subordinada) en que aparezca el vocablo en litigio. kkSiendo inviables tales parfrasis, hay que conceder que, muy expl1citamente en ese tratado pseudoagustiniano, impl1cita, quiz s;lo esbozadamente, en varias obras de S. Agust1n, adm1tese una existencia de la inexistencia que suscita las dos dificultades susodichas: la dificultad metaf1sica de que pareciera deber ser del todo inexistente lo que es principio de noexistir; la dificultad teodiceica de que entonces Dios ha tenido que crear+ o.,,:: algo que sea sumamente malo y principio positivo del mal "positivo en la medida en que se d) semejante medida; a menos, claro, que sea increado (posici;n maniquea). kkSucede, empero, que "segCn lo he se9alado ya, poco ms arriba" S. Agust1n parece carecer de una conciencia clara de la diferencia entre sendos sentidos de nihil , el  Z: cuantificacional y el nominal. As1, p.ej., en De Magistro, al defender su teor1a de que cada palabra es un nombre, t;pase con la palabra nihil  que le aparece como un hueso duro de  Z roer (2, 3: BAC, vol. III, p. 577):  Nihil  quid aliud significat nisi id quod non est? "Verum fortasse dicis; sed reuocat me ad assentiendo quod superius concessisti, non esse signum nisi aliquid significet; quod autem non est nullo modo esse aliquid potest. Quare..  Z [ nihil ] non est signum, quia non significat aliquid. Como expediente meramente provisional "a sabiendas de cun precario es" propone entonces el Santo zafarse de la  Z dificultad diciendo que nihil  significa affectionem animi quamdam cum rem8 non esse8  Z inuenisse se putat (cf. ibid. 7, 19). kkSiglos despu)s uno de los pocos pensadores ctaros o albigenses de cuyos escritos nos ha quedado huella, Bartolom) de Carcasona (que nos es conocido por la refutaci;n de Durando de Huesca) sigui; esa l1nea agustiniana hasta sus Cltimas consecuencias, al identificar precisamente el principio del mal, independiente de Dios segCn esa concepci;n  Z religiosa, con el nihil.  Z` kk(Vide al respecto la obra de Ren) Nelli La philosophie du catharisme. Par1s: Payot,  ZS 1978. particularmente Ap)ndice 1. pp. 137 ss, que contiene el cap. 3 del Liber contra  ZF Manichaeos de Durando de Huesca, escrito hacia el 1222; Ap)ndice II, pp. 163ss con  Z9 extractos del Liber soliloquiorum animae ad Deum; y el cap. II, pp. 29ss, sobre la relaci;n entre agustinismo y catarismo.) kkBartolom) aduc1a muchos pasajes b1blicos que parecen indicar la realidad de esa  Z nada no hecha por Dios. Durando respond1a de dos modos: muchos otros pasajes b1blicos no permiten entender nihil  como nombre propio sino como cuantificador; y, en segundo lugar, aquellos en los que parece reconocerse una nihilidad o grados menores de existencia han de ser le1dos de suerte que se trate, no de nihilidad existencial, ni de grados de realidad, sino de nihilidad y grados de valor, o bien como elipsis que se compensan con catlisis  Z; adecuadas, caso por caso. El procedimiento de Durando es ad hoc. Peor todav1a: arroja por la borda la empresa agustiniana de hacer radicar el valor y el bien en el ser y similarmente la maldad en noser. Adems, presupone gratuitamente que, si nihil  es alguna vez un cuantificador, eso mismo habr de ser siempre. kkCabe notar que uno de los pasajes que en siglo XII estarn en litigio entre Bartolom)  Zh" de Carcasona y Durando de Huesca fue ya discutido por S. Agust1n. Trtase de Io 1, concretamente de et sine Ipso factum est nihil, quod facum est , que para Bartolom) significaba que sin el Verbo fue hecha la nada, la cual fue hecha.  Z% kkEn Nat. Boni 24 y 25 (BAC, vol. III, pp. 8445) curiosamente sale S. Agust1n al paso ya de una interpretaci;n como la que luego sostendr Bartolom) de Carcasona; s;lo que los int)rpretes con quienes disputa el Santo aduc1an el orden de palabras de esa frase, con el nihil  al final, como indicio de que est actuando ah1 como genuino sustantivo; cu)stale poco trabajo refutar tal argumento, mostrando con ello que la frase en cuesti;n equivale a non est factum sine ipso aliquid quod factum est ; y que, por ende, no se puede a unaj* o.,,:: frase as1 aplicar la regla de generalizaci;n existencial (no se puede concluir de Nihil interest  esto: Ergo interest aliquid, quia ipsum nihil aliquid est ). kkAhora bien, el propio S. Agust1n. en otros lugares y segCn lo hemos visto, se  ZI compromete de algCn modo a postular un nihil positivo. Tal es, p. ej., el caso en el Lib.  Z< 12. de las Confesiones, donde se formula la concepci;n de la materia informe "creada por  Z/ Dios, segCn la lectura agustiniana del G)nesis, antes de la creaci;n de las criaturas dotadas  Z" de forma como paene nihil aunque non omnino nihil (12, 15, 22: BAC, vol. II, pp. 5245). kkEn ese pasaje, tenemos dos ocurrencias de nihil : si la segunda es claramente  Z| cuantificacional, la primera parece nominal: si una cosa est paene nihil, y si en esa frase nihil  es cuantificacional, entonces equivale a non est paene aliquid , lo cual, quiera decir lo que quisiere, no es desde luego lo significado por la frase dada; querr ms bien  ZQ )sta decir: paene non est aliquid? kkSea! Pero, aparte de que con ello se infringe la regla general de parfrasis del nihil  cuantificacional (siendo entonces menester formular otra regla, mejor matizada), lo  Z que paene non est aliquid, lo que est cerca, faltndole poco, de no ser nada, est cerca de  Z algo; tal algo es el no ser nada, non esse aliquid: o sea: el no existir. kkSimilarmente, cuando dice Agust1n (en el cap. 6.6, ibid., p. 511) que la materia  Z informe es quiddam inter formam et nihil8 informe prope nihil, qu) hay que entender? kkEl primer conyunto no puede parafrasearse segCn la regla de parfrasis de frases con nihil  cuantificacional, pues inter8 et  es un sintagma preposicional discontinuo que rige dos acusativos; pero claramente la oraci;n es afirmativa, no negativa; no est diciendo Agust1n que imaginaba a la naturaleza como algo que no estuviera entre la forma y algo  Z (quiddam non inter formam et aliquid), no, est claro que, al menos con respecto al primer  Z  acusativo, se afirma (no se niega) que est) la materia entre lo por )l significado, a saber la forma y8 lo significado por el otro acusativo. kkSimilarmente, el segundo conyunto ( [est quiddam] informe prope nihil ) no puede tampoco entenderse como una frase con nihil  cuantificacional, pues entonces estar1a diciendo Agust1n que la materia no es una cosa informe cerca de algo, y desde luego si cree,  Z6 y dice, que es algo informe y que est cerca de algo (est cerca, p. ej., de los minus formosa  Z) o magis informia); no, no es eso: la frase es afirmativa y nos dice que la materia es algo informe que est cerca de la nada. (Cf. tambi)n la concepci;n de esa naturaleza informe  Z como nihilaliquid et estnonest, ibid., p.512). Todav1a ms visible es eso en lo tocante a esta otra afirmaci;n (cap. 8, 8, p. 514): Terra autem ipsa, quam, faceras, informis materies erat,8 de quo paene nihilo faceres haec omnia, quibus iste mutabilis mundus constat et non constat . kkEl lector puede, por s1 mismo, practicar como ejercicio el someter esa frase a la parfrasis que ser1a procedente si en ella nihil  fuera cuantificacional; y se convencer en seguida de lo inaceptable de tales parfrasis. Ese nihil  es, sin duda alguna, un nihil   Z' nominal, un nombre de algo: de la nada.  Z( kk(Y, ya para terminar, vaya aqu1 otro hueso duro de roer "tomado de V. Rel. 18, 35: BAC, vol. IV, p. 102": Id ergo est, unde fecit Deus omnia, quod nullam speciem habet, nullamque formam; quod nihil est aliud quam nihil . La Cltima frase equivale, obviamente, a quod nihil est nisi nihil : el primer nihil  es cuantificacional; lo es tambi)n elZ+ o.,,::  Z segundo? Forcejee el lector con la parfrasis y se convencer de que no. Cot)jese ese nihil  Z informe del cual hizo Dios todas las cosas speciosa et formata con la materia informe del  Z Lib. 12. de las Confesiones que es caracterizada como paene nihil, prope nihil, inter  Z formam et nihil.)   Z  4." Conclusiones ' kkHa quedado evidenciado, por lo visto en la secci;n anterior, que Agust1n est comprometido a reconocer la existencia de la nada. Hemos seguido a nuestro autor por los meandros de sus inconsecuencias, de sus titubeos, de sus marchas atrs. H)moslo visto con destellos de gran clarividencia y tambi)n con claros indicios de resistirse a sacar consecuencias de sus propios principios, refugindose en la confusi;n entre los dos sentidos de nihil . kkNo es que sean inconexos ambos sentidos. La nada, el noser, es algo que tiene que  Z tener algCn grado de existencia; es algo. Pero a la vez, por ser (la) nada, no es algo, no existe. Existe y no existe. Es menester, para proyectar inteligibilidad sobre tal doctrina, evaluarla desde una l;gica noaristot)lica, una l;gica paraconsistente en la que la admisi;n de verdades mutuamente contradictorias no acarree la delicuescencia del sistema, su desmoronamiento como sistema coherente. Existen tales l;gicas (es abundante la bibliograf1a en torno a ellas; y pueden consultarse muchos trabajos del autor de estas l1neas al respecto). kkEso s1, ser menester sacrificar, o paliar con los matices o restricciones que sean, el principio de superlatividad, si se quiere conservar el de participaci;n. Por otro lado, habr que modificar la identificaci;n agustiniana del ser con la bondad: el bien radica en ser, pero no es lo mismo. En resumen, tendr que constituir una reelaboraci;n a fondo, meticulosamente llevada a cabo, cualquier reconstrucci;n del pensamiento de S. Agust1n que quiera ajustarse a patrones de rigor l;gico y hacer exitosamente frente a algunos de los principales problemas de la filosof1a contempornea.