WPC> 2kBN ZCourierman3|xa NarrowTimes Roman@KX@LaurentiusLAURENTI.PRSx  @hhhhw7X@zC8C^dCYdYdYCdd88d8ddddCN8ddddY`(`lC2CC!CCCCCCCCCCd8YYYYYYzYzYzYzYC8C8C8C8ddddddddddYddddYYYYYYYdzYzYzYzYddddddddC8C8C8C8Ndz8z8z8z8z8ddddddCCCoNoNoNoNz8z8z8dddddddzYzYzYdz8dCoNz8dddddurentiusLAURENTI.PRSo\  PChhhhw7XP2MB  3'3'Standard6&&ein wittgensteiniana wittgensteiniano6&StandardLAURENTI.PRSx   #x  @U X@# dddd X` hp x (#%'0*,.8135@8:T?xxx x6X@KX@~)N-&'NxzPCP 9tE4-t\  PCqP i(P0$_P\  PCP9yE4%-y4  p(ACqGWA\  PC PGWA%4  p(AC GWA%4  p(AC <7sE46-s*f9 xCqX 8uE4I-u9 xICq1b;,b\  PCPX7` ԍEl querer definir la noci;n de racionalidad es ambici;n que me parece desmedida, al menos de momento. Por ello prefiero esta dilucidaci;n en que, dndose por supuesto que se entiende qu) significa `racional' en un contexto introdCcese luego, a partir de ah1, el uso de ese adjetivo en otro contexto, o sea con aplicaci;n a otro sustantivo. Justif1case a mi parecer esa opci;n a favor de algo menos fuerte que la definici;n, ya que, de un lado, hay una noci;n intuitivamente  presente a la mente de qu) sea la racionalidad "aunque se trate de una noci;n oscura y confusa, que se intenta aclarar con esta dilucidaci;n; y, de otro lado, una dilucidaci;n as1 proporciona precisamente un beneficio de mayor claridad. A nadie se le oculta que, hablando grosso modo, la noci;n de racionalidad aqu1 contemplada es la de que es racional un creer que podr1a justificarse mediante m)todos o procedimientos cuya adopci;n incrementar1a el grado general de justificaci;n, aunque no forzosamente en medida mayor que algunas otras alternativas disponibles. el que, a tenor del mismo, una creencia puede ser racional para una persona aunque )sta no la justifique ni siquiera a partir de otras creencias que tenga, e.d. no la infiera de las mismas; y, lo que es ms, puede ser para alguien racional tener una creencia aunque ni siquiera crea )l en la confiabilidad de sendas aplicaciones de aquellas reglas de inferencia s;lo aplicando las cuales sea racional para )l inferir la creencia en cuesti;n de otras creencias tales que sea para )l racional el tenerlas (ni, menos todav1a, en la validez de dichas reglas de inferencia). Adems de que, segCn el objetor, todo eso debilitar1a excesivamente nuestra noci;n de racionalidad, dar1a lugar a una concepci;n externalista (vide infra la puntualizaci;n 1 de la Secc. 4). Mi respuesta es que, si bien la noci;n de justificaci;n que sent) ms arriba (Secc. 1) era internalista, la noci;n de racionalidad aqu1 sentada es en cambio externalista porque se trata de saber qu) es aquello (creencia o inferencia) que es para alguien racional tener o efectuar, en vez de determinar cundo es racional para )l el modo de tenerlo o efectuarlo. P.ej., aunque sea racional para alguien efectuar una inferencia aplicando determinadas reglas de inferencia, es posible que )l efectCe esa inferencia y, sin embargo, no lo haga de modo racional "no lo haga aplicando esas reglas de inferencia, o s1 lo haga as1 pero sin creer en la confiabilidad de esas aplicaciones de las reglas en cuesti;n (aunque algunos darn por H o.,,:: supuesto que nadie aplica en un inferir una regla de inferencia sino en la medida en que efectivamente crea que es confiable esa aplicaci;n de dicha regla, no juzgo yo que eso sea incontrovertible ni mucho menos, toda vez que podr1a abrigarse la sospecha de que alguien, aunque creyera que es ver1fica una determinada aplicaci;n de una regla de inferencia, pudiera as1 y todo no creer que est) justificada para )l esa creencia "y, aun as1, la aplicara, precisamente por creer en el carcter ver1fico de tal aplicaci;n). Otra observaci;n importante con respecto al precedente intento de dilucidaci;n de la noci;n de racionalidad es que es racional para alguien efectuar una inferencia aplicando cierta regla aunque no sea para )l racional creer en la validez de tal regla "o sea: en el carcter `ver1fico' de todas las aplicaciones de tal regla. As1 pues, eso indica una ulterior flexibilizaci;n y atenuaci;n de la noci;n de racionalidad respecto de la de justificaci;n. Justificado est alguien al inferir algo s;lo si es justificada su creencia en la validez de la regla que aplique en dicho inferir. Puede alguien, por consiguiente, efectuar racionalmente  Z una inferencia sin que la misma sea para )l justificada.   ~J4 ԍSi bien la racionalidad estriba en la justificaci;n, va ms all de la justificaci;n particular de aquello que es racional, pues es una determinaci;n consistente en tender a incrementar el grado general de justificaci;n del cuerpo de creencias en que se da. Si s;lo fuera racional una inferencia cuando )sta estuviera justificada, entonces s;lo pensar1an racionalmente quienes fueran conscientes de la validez de las reglas que usaran y hubieran inferido esa validez de otras creencias suyas; pero no empleamos normalmente ese calificativo de `racionalidad' de manera tan sumamente restrictiva. (As1 para una persona que no crea en la validez general de una cierta regla r "que puede ser o bien una regla de inducci;n, o de conjeturaci;n, o incluso de deducci;n normal  como la de adjunci;n", podr1a no obstante ser racional el juzgar justificada (para ella) la creencia de que va a ser ver1fica la pr;xima aplicaci;n de r; supongamos en efecto que es racional para esa persona creer que las aplicaciones de tales reglas suelen ser ver1ficas y que, cuando suelen ser ver1ficas las aplicaciones de una regla y no hay indicios de que no lo vaya a ser la pr;xima aplicaci;n de la misma, est entonces justificada la creencia de que esa aplicaci;n ser  Z; ver1fica; aplicando entonces el modus ponens "suponiendo que sea racional para la persona de que se trate creer que est justificada la creencia en que es ver1fica esa aplicaci;n del modus ponens" inferir1ase que est justificado (para esa persona) creer que ser ver1fica la pr;xima aplicaci;n de r "inferir1ase eso de las dos creencias cuya racionalidad para esa persona acbase de suponer, junto con la creencia de que no hay indicios de que la aplicaci;n que se vaya a hacer no sea ver1fica, creencia tal que igualmente podemos suponer que sea para esa persona racional el tenerla.) En general, pues, esta noci;n de racionalidad es algo as1 como una justificaci;n potencial . Sin embargo, debe ponerse poco )nfasis en tal etiqueta, toda vez que la misma resulta altamente enga9osa y malconducente, cuando se quiere o tomarla al pie de la letra o ver en el adjetivo `potencial' algo que tenga que ver con la potencia aristot)lica. Sencillamente, trtase de que son racionales para una persona ciertas creencias e inferencias en la medida en que sea cierto que, si )l las tuviera o efectuara, har1alo racionalmente. (Aunque la equivalencia entre este condicional subjuntivo y la dilucidaci;n ms arriba expuesta no es fcil de demostrar, resulta empero plausible.) Otra observaci;n que no parece estar aqu1 de ms es que la circularidad en que hemos incurrido en nuestra dilucidaci;n de la noci;n de nacionalidad nos recuerda las lecciones de la pol)mica en torno a los argumentos de Quine contra la noci;n de analiticidad. Quine mostr; que, al definirse esa noci;n, se llega a un c1rculo: sern verdades& x o.,,:: anal1ticas aquellos enunciados que sean verdaderos en virtud del significado (o sentido) de las palabras que en ellos figuren; pero el significado de una palabra ser algo que venga dado (y tal ser su definici;n) por la clase de enunciados anal1ticamente verdaderos en los que figure la palabra. Schuldenfrei reproch; a Quine (en (S:1)) el fustigar as1 una explicaci;n circular cuando )l mismo se ve comprometido a otras circularidades semejantes. Pero Quine contest; "y su respuesta estaba ya esbozada en sus escritos anteriores" que lo  Z que )l rechazaba en ese c1rculo era que ninguno de sus eslabones esclarec1a nada, y se iba  Z ab obscuro ad obscurius per obscurum. Lo ms que pueden obsequiarnos los adeptos de la dicotom1a entre enunciados anal1ticos y sint)ticos es una retahila de ejemplos (como los sofistas que dialogaban con S;crates). En nuestro caso, sucede algo totalmente diverso. La misma noci;n de racionalidad de un modo de pensar es intuitivamente  clara, como la de un proceder confiable. Al articular esa noci;n en el detalle que hemos estimado conveniente se van ganando esclarecimientos parciales. (Nada obsta, empero, para que se intente ulteriormente un esclarecimiento mejor y no"circular.) No cabe hablar, empero, a la vez que de racionalidad de inferencias y de  Z creencias, tambi)n de racionalidad de conjeturas? Avanza el pensamiento humano no s;lo por el razonamiento y la observaci;n, sino asimismo por la conjetura. Pensar es creer, conjeturar y razonar. Ahora bien, aunque no se vea as1 al primer vistazo, es un hecho que conjeturar es tambi)n inferir. Ll)gase a una conjetura por indicios, en un sentido desde luego lat1simo. El proceso que va de los indicios a la conjetura es un pensar, algo que tiene lugar, no al buen tuntCn, sino siempre "v)alo uno o no claramente" segCn determinadas reglas. Nadie conjeturar1a, a partir de indicios como los datos de sequ1a o pluviosidad en el Sahel, que Buda comi; naranjas. Existe, pues, cierta correlaci;n regulativa entre los indicios y la conjetura, y esa correlaci;n es del mismo tipo que cualquier otro paso de premisas a conclusi;n. Naturalmente una regla de inferencia, conjeturante, o de  Z conjeturaci;n, ser siempre una regla poco segura (o sea: sern escasamente confiables muchas de entre las aplicaciones de esa regla, por basarse la creencia de que est justificado creer que son ver1ficas tales aplicaciones en creencias que no sea muy racional tener.) Mas no por ello dejar de tratarse de una regla de inferencia. El ms fuerte escrCpulo en contra de esa consideraci;n estribar sin duda en reparar en que, mientras que en las inferencias deductivas (e inductivas, recon;zcanse o no )stas como incluidas en las otras), la conclusi;n viene un1vocamente dada por la regla y, adems, siempre de algCn modo, subconsciente acaso, quien infiere est al tanto de la regla que est) aplicando, en cambio en el conjeturar a partir de indicios no se cumplir1a ninguna de esas dos condiciones. Cabe contestar que los grados de consciencia de qu) reglas se aplican en diversos inferires son sumamente variados; en el conjeturar podr1a uno creer que no aplica regla alguna, pero, si bien se mira, se percata uno de que no se conjetura cualquier cosa a partir de cualquier cosa, que ciertos indicios autorizan "en una u otra medida segCn cules sean las otras creencias del sujeto conjeturante, y el conjunto de sus condiciones" determinadas conjeturas y no otras; por lo  Z5% tanto, conjeturar es tambi)n colegir, un colegir, o sea un inferir, reglado, regulado. En cuanto a lo segundo, cabe apuntar que esa consciencia refleja de la propia regla se gana en un proceso de reflexi;n, siendo ello conseguido, en el conjeturar como en los dems casos de inferencia, despu)s (de la aplicaci;n espontnea de la regla) y en un grado mayor o menor segCn los casos; pero eso mismo sucede con el inferir conjeturante: si bien en la reflexi;n posterior sobre nuestro operar conjeturante no logramos en general claridad suficiente y apenas podemos formular ms que rules of thumb , as1 y todo esa conciencia refleja es de la misma 1ndole que la que cabe alcanzar en otros casos, no teniendo nada de+ o.,,:: extra9o que en este inferir menos s;lidamente apuntalado y que se vale de reglas tanto ms  Z complejas y ad hoc sea mucho ms dif1cil cobrar conciencia exacta de cules sean, en su perfil detallado, las reglas aplicadas. Con respecto a las inferencias conjeturantes como con respecto a las dems hay que decir que es no pocas veces ms racional aplicar reglas de conjeturaci;n poco seguras que abstenerse de hacerlo por mor de la seguridad a todo trance. Avanza el pensamiento humano porque se aventura a aplicar con ardor y hasta con arrojo reglas de conjeturaci;n poco afianzadas y que, a su vez, deben su plausibilidad a otras conjeturaciones igualmente inseguras. No hay peor sino que el de no pensar. Entre un modo de pensar que no sea del todo ver1fico y un modo de no"pensar, o de pensar lo m1nimo "de suerte que deje escaparse verdades que, con el modo anterior, eran en cambio conocidas", es ms racional el primero  Z de ellos.   ~JT ԍN;tese que en la concepci;n de lo racional aqu1 delineada cabe hablar de grados de racionalidad; pero la racionalidad no es comparativa ni superlativa. En otras concepciones es racional tan s;lo el modo de pensar, de inferir o de escoger que sea ;ptimo. As1 se dir, p.ej., que es racional una creencia ssi est mejor justificada su adopci;n que la de cualquier alternativa  ~J disponible. Ese tipo de concepci;n lleva a lo que sostiene Plat;n en la RepCblica, estudiada por Hagen en (H:1): una concepci;n  ~Jt maximalista en la que se viene a considerar racional tan s;lo lo que, segCn el enfoque aqu1 brindado, ser1a lo ms racional de todo. Mi concepci;n autoriza que planteamientos opuestos puedan ser ambos racionales. Claro que paga el precio de admitir como racional una creencia que se adopte sin una plena o suficiente informaci;n, mientras que la concurrencia de ese estado de informaci;n ;ptima y perfectamente asimilada es juzgado por otros como requisito de racionalidad. Con respecto a la cuesti;n de si esta noci;n de racionalidad aqu1 defendida guarda alguna conexi;n suficiente con una concepci;n cr1tica de la racionalidad que acentCe, como requisito de racionalidad, la apertura al cuestionamiento de los propios supuestos, el sometimiento de los mismos a pruebas y confrontaciones, la disposici;n a revisar los propios puntos de vista (sobre todo lo cual vide infra, puntualizaci;n 3 de la Secc. 4), he de decir que eso est impl1cito de algCn modo en la exigencia misma de ir en pos de la justificaci;n: es racional ir en pos de justificaciones de las propias opiniones, y tambi)n de los supuestos desde los que se justifican tales opiniones, y as1 sucesivamente. Adems, al final de esta Secci;n quedar mejor perfilada la (dinmica, que no esttica) noci;n de racionalidad de (todo) un proceso de pensamiento, la cual involucra la racionalidad de las decisiones que en el proceso son eslabones que unen inferencias antecedentes a inferencias consiguientes a tales decisiones; y son decisiones racionales las de bCsqueda de evidencia y contrastaci;n con otra evidencia disponible, as1 como las de atenci;n a toda esa evidencia. En todo eso estriba el carcter cr1tico, de apertura a la necesidad de justificar lo que parec1a poder darse por sentado sin ms; claro est que toda justificaci;n se har siempre desde otros supuestos que uno acepte (es quim)rico querer justificar desde nada, desde ausencia de supuestos, o desde evidencias inconcusas e irrecusables, pues no hay cosa tal). Esta formulaci;n de una racionalidad cr1tica, as1 entendida, est exenta de la paradoja del falsabilismo, del racionalismo cr1tico de Popper, analizada por Post en (P:6) (tal doctrina es autosubversiva en el sentido de la nota 7). No nos lleva el que en cada caso  ~J se parta de supuestos a ningCn pesimismo epistemol;gico, sino a un optimismo sin garant1as (absolutas). A quienes nos acusen de caer as1 en una metaf1sica"ficci;n, les respondemos que cualquier justificaci;n es relativa: sabemos, instalados en nuestras presuposiciones, que no hacemos filosof1a"ficci;n, mas s;lo lo podemos demostrar dentro de nuestros propios supuestos; toda garant1a  (relativa) es parcial e interna al sistema. Esta concepci;n guarda parentesco con planteamientos de Nicolai Hartmann y de Quine; en general con coherentismos criteriol;gicos, como los de Keith Lehrer, Lawrence Bonjour y otros fil;sofos. (Pero un coherentista no puede, para ser consecuente, rechazar como indigno de discusi;n al fundacionalismo, que en pluma de su mejor portavoz, R. Chisholm, tiene muy interesantes consideraciones que proponer, alegando precisamente que nada que se quede ms ac del fundacionalismo, de la admisi;n de evidencias bsicas e inconcusas, puede permitir que se escape a la  ~J$ arbitrariedad subjetiva y al ensimismamiento del sistema adoptado. No puedo aqu1 entrar a discutir esas consideraciones; bstame dejar constancia de que las estimo muy serias.) Para acercarnos a la Cltima cuesti;n que nos toca abordar en esta Secci;n son menester escuetas consideraciones sobre la racionalidad de las decisiones. Al aplicarse a decisiones, empl)ase el adjetivo `racional' en un sentido derivado: es racional una decisi;n en la medida en que sea racional el prop;sito perseguido y, dado el cuerpo d creencias de quien la toma, sea racional la creencia de que la ejecuci;n de tal decisi;n contribuir al logro de ese prop;sito de una manera que no sea peor que como contribuir1an al mismo o.,,:: otros cursos de acci;n alternativos. Es mucho lo que en todo eso habr1a que estudiar y precisar con rigor "si bien creo que todo ello es intuitivamente claro y aun obvio. Lo ms importante de se9alar es que los prop;sitos mismos pueden ser racionales o irracionales. En qu) sentido? Es racional para alguien un prop;sito ssi es racional su creencia de que es una perfecci;n para )l el ver realizado dicho prop;sito. Conviene recordar que es una perfecci;n para alguien una propiedad tal que, si )l la poseyera ms de lo que de hecho la posee (en el mundo de la experiencia cotidiana), ms real ser1a "e.e. mayor grado tendr1a  Z de existencia, ms peso entitativo, ms presencia en el mundo.  ~J ԍEn (P:3) he utilizado ampliamente esta noci;n de perfecci;n con relaci;n al estudio de la atribuci;n a Dios de la determinaci;n de ser omniperfecto. En otro trabajo ( El conflicto de valores: Reflexi;n desde un punto de vista  ~J l;gico"filos;fico , ap. Crisis de valores, ed. por JesCs Gonzlez L;pez, Quito: Educ, 1982) he desarrollado ms ampliamente esta concepci;n del valor y examinado algunos de sus rasgos ms salientes. N;tense los dos siguientes puntos: 1) pueden darse conflictos de valores, de suerte que puede ser racional para alguien hacer una acci;n, si)ndolo tambi)n el hacer otra opuesta y aun incompatible (habr, eso s1, grados diversos de racionalidad y tambi)n de valiosidad ); 2) el valor se define  ~J para cada uno, lo cual acarrea un cierto relativismo axiol;gico, que sin embargo de ningCn modo entra9a que lo valorativo sea un ajuste a las consecuencias subjetivas de cada cual ya que, antes bien, algo es un valor para alguien independientemente de sus deseos, afectos o decisiones "y seguramente son valores para todos la generosidad, la caridad, el sentimiento de compasi;n, el amor a la justicia y al desvalido, siendo un valor para muchos incluso el autosacrificio, aunque esto pueda resultar a primera vista incompatible con la noci;n misma de valor. Carece de fundamento el alegar que el autosacrificio es siempre irracional; una defensa de ese punto de vista la hace Moster1n en (M:2), p. 67, al decir que `sacrificarse a s1 mismo en aras de otras instancias.., no es racional... ni el santo ni el h)roe se comportan racionalmente'. La concepci;n de la racionalidad de Moster1n e la humeana, segCn la cual (p. 72) `la racionalidad prctica no es otra cosa que la estrategia lCcida y eficaz para la consecuci;n de la felicidad posible' o hasta (por lo que aparece en otros lugares de ese art1culo) meramente para la consecuci;n de los fines que uno persiga ms fuertemente. Mas por qu) va a ser menos preferible la felicidad del h)roe o el santo durante el rato en el que, sacrificndose, disfruta del valor moral de su propio autosacrificio y siente con ello una felicidad que no es s;lo gozo de s1 y de su propia val1a, sino fruici;n y experiencia del Valor mismo, segCn se plasma en su acci;n? Una dificultad que rodea a esta concepci;n de la racionalidad de las decisiones es que normalmente o bien se entiende la racionalidad de las mismas Cnicamente de una  Z manera instrumental (dados ciertos prop;sitos, es racional que alguien que los tenga adopte determinadas decisiones cuando se cumplan ciertas condiciones) o bien se entiende que la racionalidad de un prop;sito o fin no tiene nada que ver con (o, por lo menos, no debe involucrar en su decisi;n a) valores o perfecciones, sino que ser1a racional, p. ej., un fin para alguien ssi ese alguien persistiera en tener dicho fin aun conociendo a fondo las consecuencias y los detalles de la realizaci;n del fin en cuesti;n (vide (B:1)) o en general siendo cabalmente consciente de cuanta verdad sea pertinente en torno a tal realizaci;n. Tambi)n se han dicho (vide p. ej. (D:1)) cosas como que es racional una decisi;n si est causada por un deseo tal que no hay razones en contra de abrigarlo. Frente a posiciones as1, la concepci;n de la racionalidad aqu1 propuesta encarna un componente irreduciblemente valorativo en la definici;n misma de la racionalidad prctica "si bien, a su vez, ese componente viene definido en t)rminos de realidad gracias al anlisis lewisiano de los  Z. condicionales subjuntivos o, mejor dicho, a una variaci;n sobre tal anlisis. @. ~J& ԍLo que estoy aqu1 criticando es la noci;n de racionalidad comCnmente reputada como humeana "a la cual he aludido al final de la nota anterior. Vide al respecto (G:2), (P:5), (H:2) y (N:1), todos ellos cr1ticos de esa concepci;n humeana. N;tese, empero, que, en su oposici;n a esa concepci;n, Hampshire en (H:2) y Nielsen en (N:1)) adoptan una concepci;n de la racionalidad prctica o volitiva que acude a la noci;n jusnaturalista de naturaleza humana, con unos intereses o unas necesidades fijas y compartidas por todos, en cierto modo a priori, y s;lo por ajuste a las cuales ser1a racional una decisi;n. Similarmente, las concepciones jusnaturalistas hoy en boga, como la de Rawls o la de Apel, acuden a unos postulados a priori 1nsitos en la naturaleza humana para fundar la moralidad social. Todos esos planteamientos coinciden en la concepci;n maximalista u optimalista de lo racional aludida en la nota anterior. Mi propio enfoque, en cambio, es "como lo he indicado en+o.,, la nota precedente" relativista en cierto sentido (ms radical aunque menos extenso que el relativismo profesado por Nielsen en (N:1): cada uno tiene sus valores, sus perfecciones (que no son forzosamente las propias que )l estima para s1 o para otros), s;lo con ajuste a alguna de las cuales ser racional una decisi;n suya. C;mo se articule mi noci;n de valor o perfecci;n con la de inter)s o necesidad es tema que puede dejarse para otro estudio. Mi concepci;n no excluye el jusnaturalismo, pero as1 y todo admite que pueda ser valioso y racional para alguien algo que no lo sea para otro: aunque ciertas propiedades sean valiosas para todo ser humano, otras lo sern para unos s1 y otros no; y tambi)n ser racional el que obren en pos de uno de estos valores aquellos para quienes lo sean. Mi noci;n de racionalidad prctica est "como la de racionalidad te;rica" abierta a una articulaci;n ulterior (tarea pendiente para futuros estudios) de la gradualidad misma de tal racionalidad "que en cambio est excluida por los enfoques comparativos de la racionalidad, que desembocan en un superlativismo restrictivo, como p.ej. el de Nielsen (N:1) al sostener que s;lo es racional una acci;n si tiende a alcanzar los ms fines que uno persiga o cosas as1, p. ej. s;lo aquellos que uno siga valorando cuando est plenamente informado. .( o.,,::ԌTambi)n abonan contra la caracterizaci;n que precede de la racionalidad de las decisiones argumentos esgrimidos por quienes, como D. Davidson (vide p.ej. (D:2), pp. 9 Z 19), se han esforzado por hacer valer como una condici;n sine qua non de la racionalidad de una decisi;n el que quien la tome no s;lo tenga motivo racional para hacerlo, sino que ese motivo haya causado efectivamente su tomar tal decisi;n. Supongamos que Nicanor, sabiendo la situaci;n terrible de paro y crisis en que vivimos, es consciente de que un buen conocimiento del ingl)s lo ayudar1a a encontrar trabajo y que es racional su prop;sito de encontrarlo; decide estudiar ingl)s; sin embargo lo que de hecho lo lleva a tomar tal decisi;n es su morboso masoquismo, pues le resulta doloroso y dif1cil el aprendizaje de ese idioma. Davidson y muchos otros autores dirn que el decidir Nicanor estudiar el ingl)s no es racional. Mi respuesta ser1a que s1 lo es, aunque no sea racional su modo de (llegar a) tomar esa decisi;n. (Acaso pudiera alternativamente quererse diferenciar su tomar la decisi;n de la decisi;n tomada, siendo racional s;lo la Cltima; en ese caso la decisi;n  podr1a verse como un universal, e.e. al decirse que la decisi;n es racional lo que se querr1a decir es que es racional para )l el tomar una u otra decisi;n en tal sentido (y en tales momento, lugar y dems circunstancias pertinentes convenientemente fijados), aunque no lo sea el acto concreto de decisi;n que )l efectCa. De ser as1, el sentido de racionalidad de las decisiones que aqu1 se est estudiando es uno que concierne tan s;lo a ese contenido de la decisi;n  o a esas decisiones en una acepci;n universal.) Si es racional que alguien tome una decisi;n (en cierto sentido), entonces es una perfecci;n suya el tomarla (en el momento y lugar en que se cumplan las condiciones pertinentes). Llego as1 al punto final de esta Secci;n. Hasta ahora he examinado la racionalidad de actos doxsticos y de acciones inferenciales, as1 como de decisiones. Creencias e inferencias son, segCn las entiendo yo, acciones involuntarias. Puede la voluntad de la persona influir en sus creencias, permitir o impedir que emerjan a la superficie de su conciencia en uno u otro momento o por el contrario queden sepultadas en su subconsciente; puede su atenci;n, o desatenci;n, deliberada, incentivar el arraigo de ciertas opiniones o, alternativamente, obstaculizarlo y hasta bloquearlo. Pero, as1 y todo, el creer y el inferir no son actos deliberados, voluntarios. Sin embargo, si hay actos deliberados que ejercen un papel causal determinante en la marcha del pensamiento de una persona y "por los caminos a los que acabo de aludir" causan el rumbo ulterior del proceso inferencial y as1 una modificaci;n del cuerpo de creencias adoptado por la persona de que se trate.  Z La Cltima noci;n presentada en esta Secci;n va a ser la de un proceso de  Z pensamiento, que definir) como una secuencia de inferencias que, partiendo de un cuerpo de creencias inicial, est mediado causalmente por actos deliberados (como los de bCsqueda, ( o.,,:: los de atenci;n y desatenci;n y cuantos otros puedan determinar una inflexi;n en el curso de las inferencias). Son presuposiciones de un proceso de pensamiento las de las inferencias que lo forman y las de las creencias gracias a las cuales sean racionales los actos deliberados mediadores. La racionalidad de un proceso de pensamiento no s;lo entra9a la racionalidad tanto de las inferencias que lo forman como de los actos deliberados que las median causalmente, sino que adems requiere que no se vean frustrados aquellos de entre dichos actos deliberados que sean recurrentes y, por a9adidura, que sea uno de los  Z prop;sitos de tales actos el mayor acercamiento a la verdad. La raz;n es el pensar (un pensar cualquiera, e.e. un proceso de pensamiento) en la medida en que tiende a ser racional. Todo pensamiento tiende a ser racional en alguna medida; eso quiere decir tanto  Zl que se da de hecho una tendencia (en sentido teleol;gico, finalista) de todo proceso de pensamiento a ajustarse a patrones de racionalidad (a normas de inferencia y de decisi;n que le permitan ser racional) como que cada sujeto tiene el prop;sito de ser racional y de acoplar a patrones de racionalidad sus actos deliberados, al igual que todo hablante de un  Z2 idioma tiende a moldear su habla segCn las normas de ese idioma (la langue en el sentido de Saussure). Puede atacarse la concepci;n de la racionalidad que se acaba de bosquejar aduciendo que borra las fronteras entre raz;n te;rica y raz;n prctica. El sentido de la objeci;n no ser1a el de pretender erigir un tabique incomunicante entre ambas, sino tan s;lo el de requerir que la definici;n misma de la racionalidad te;rica no involucre nociones de racionalidad prctica "de racionalidad de las decisiones. Claro que la propuesta aqu1 presentada no es la Cnica que va en el sentido de respaldar o basar de un modo u otro la racionalidad te;rica en la prctica (si bien hay, a tenor de mi propuesta, un componente irreductiblemente no prctico en la primera). Puede leerse a Kant de modo que algo as1 resulte en su cr1tica de la raz;n (y sin duda tal lectura tiene fundamento, al menos en lo que toca al uso regulativo de las ideas de la raz;n). Y todos aquellos que, inspirndose en el pragmatismo de Peirce o acaso desde otros horizontes, ven en la propia empresa cognoscitiva un anclaje prctico que le da sentido estarn dispuestos a aceptar algo no muy distante, en ese particular, de lo sugerido en estas pginas. En verdad, la presente propuesta es incluso mucho ms moderada que cualquier forma de pragmatismo, ya que, si bien la racionalidad de un proceso de pensamiento globalmente tomado involucra, segCn la misma, un componente de racionalidad prctica "con mediaciones valorativas", no sucede otro tanto  Z con respecto a la racionalidad de las meras creencias e inferencias.@ ~J! ԍPuesto que no es comparativa mi noci;n de la racionalidad te;rica y prctica, no sufre quebranto alguno por la existencia de inconmensurabilidades valorativas (examinada y defendida por Raz en (R:1), a mi manera de ver bastante convincentemente). Tal existencia deber tenerse en cuenta a la hora de articular una teor1a ms completa de la racionalidad, segCn las l1neas aqu1 esbozadas, que haga un sitio apropiado a los grados diversos de racionalidad, lo cual conlleva criterios de jerarquizaci;n. N;tese empero que la inconmensurabilidad se articula muy bien con una l;gica tensorial como la desarrollada por el autor en otros trabajos; aunque de valores dados, sea en cada aspecto cierto que o son igualmente valiosos o uno de ellos lo es ms, as1 y todo puede que no sea en absoluto cierto que o en todos los aspectos son igual de valiosos o en todos los aspectos uno de ellos es ms valioso. (Vide la puntualizaci;n 7 de la Secc. 4.)   o.,,::Ԍ Z  Secci;n 3. Los ideales regulativos de la raz;n )a Un ideal es un desideratum, una norma que se tiende a aplicar pero que, no obstante, cabe tambi)n transgredir, aunque pagndose entonces el precio de una cierta degradaci;n o desnaturalizaci;n de lo que se haga. En la medida y s;lo en la medida en que un proceso de pensamiento se ajuste a los ideales de la raz;n, ser racional ese proceso de pensamiento. Es racional un pensamiento en la medida en que se ajuste a los principios de coherencia y cohesi;n, sistematicidad, efabilidad, claridad, simplicidad y elegancia teor)ticas, precisi;n, rigor y descubrimiento del mayor mbito posible de verdades. El ideal supremo de la raz;n es el de mantener y acrecentar su propio grado de racionalidad, e.e. su propia identidad como pensamiento racional. Plsmase ese ideal en una metarregla a tenor de la cual deben escogerse reglas de inferencia que arrojen siempre las  ZG mejores conclusiones a partir de las creencias dadas como punto de partida. Son mejores  Z: aquellas conclusiones que es ms satisfactorio tener, o sea: aquellas oraciones en cuya verdad sea ms satisfactorio creer. Es satisfactorio para alguien creer algo en la medida en que esa creencia le proporciona fruici;n, satisfacci;n en el ancho sentido de la palabra. La satisfacci;n es, desde luego, intelectual en una acepci;n estrecha (en la medida en que, p. ej., se satisfaga con la creencia en cuesti;n una curiosidad) pero hay en ella factores afectivos. La ms importante regla de inferencia que se escoge aplicando esa metarregla o  ZG ideal de la raz;n (el ideal de satisfactoriedad) es la regla de satisfactoriedad, a saber: dados unos indicios y varias conjeturas alternativas cada una de las cuales puede racionalmente  Z+ inferirse de tales indicios, debe optarse, al menos caeteris paribus (o sea: a igualdad de grado de racionalidad de sendas inferencias), por la inferencia ms satisfactoria, o sea: aquella cuya conclusi;n sea intelectualmente ms agradable. De modo general cabe caracterizar como intelectualmente ms agradable aquella conjetura que, junto con las dems creencias que se tengan "y que no vayan a ser abandonadas al adoptarse como creencia ulterior esa conjetura" d) por resultado una concepci;n o teor1a global que: 1) sea ms simple; 2) marque una menor ruptura con el cuerpo de creencias previamente adoptado; 3) presente la imagen del mundo ms atractiva, en el sentido de ms sistemtica, cohesionada, arm;nica, clara y, en suma, aquella en cuya verdad sea ms grato creer (porque presente al mundo como mejor constituido y tambi)n porque, al hacerlo, resulte ella misma una teor1a  Z ms elegante).W ~J! ԍNo puedo, en los l1mites de este trabajo, articular la concepci;n de lo bueno y lo mejor que est aqu1 subyacente. En realidad la tesis aqu1 delineada permanece neutral con respecto a qu) concepci;n se tenga de lo bueno y de lo mejor: de entre las alternativas epist)micamente posibles, e.e. de entre las concepciones del mundo compatibles con la evidencia disponible, unas nos presentan al mundo como tal que, segCn las pautas valorativas que tengamos, de ser verdaderas esas alternativas,  ~J8$ el mundo ser mejor de lo que ser1a si fueran verdaderas otras alternativas (mejor, pues, que otros mundos epist)micamente  ~J% posibles.) Mi propia concepci;n de lo bueno es la leibniziana de maximizaci;n de entidades con minimalizaci;n de medios; s;lo que eso ha de ser doblemente matizado, dici)ndose en primer lugar que (pues los medios son tambi)n entes) la maximizaci;n es de aquellos entes que ms contribuyan a la plenitud de realidad de las regiones de lo real en que se ubiquen; y en segundo lugar que consiste no s;lo en que haya ms de tales entes sino en que gocen de ms grado de realidad. Insisto, de todos modos, en que esa concepci;n de lo bueno no determina el contenido teor)tico del presente trabajo.W De estos tres factores, el ms importante es el 3, ya que los otros dos pueden verse como componentes o derivados del mismo. (El 2 factor puede reducirse al 3 s;lo tomando a )ste con la debida relatividad "respecto del pensador concreto de quien se trate.) Por otro lado, el criterio o factor de simplicidad es sumamente complejo, multifac)tico. Podemos considerar que una teor1a global es tanto ms simple cuanto ms["` o.,,:: amplia sea la gama de cuestiones que pueden unitariamente tratarse con ella "e.e. cuanto menos verdad sea que dicha teor1a es meramente una conyunci;n o suma de teor1as diversas cada una de las cuales sirve para tratar cierto mbito particular de cuestiones y para dar cuenta de las observaciones o los indicios pertenecientes a ese mismo mbito. (No entra en los l1mites del presente trabajo el adentrarnos en una pormenorizada bCsqueda de las condiciones necesarias y suficientes para que una teor1a tenga cierto grado de simplicidad. Entre la abundante bibliograf1a disponible, merecen elogiarse al respecto trabajos como (S:2), (F:1), (K:1), (T:1) y (S:3).) Mi tarea en esta Secci;n se limitar a justificar ese ideal de satisfactoriedad. Ante todo, hay que aducir aqu1 que es racional para una persona el prop;sito de creer que el mundo es como mejor quepa pensar que es, dados los indicios de que uno disponga. (El  Z prop;sito de creer algo es una opci;n que puede abrigarse, cr)ase o no ese algo; tal prop;sito es uno de los actos deliberados que median causalmente las inferencias pertenecientes a un proceso de pensamiento; cuando uno alberga semejante prop;sito, estar ms atento a la evidencia favorable a la creencia en cuesti;n y buscar nueva evidencia en ese sentido.) Es racional porque "digmoslo parafraseando a Hegel aquel que ve al mundo como racional es, a su vez, puesto por el mundo como racional. Es, en suma, bueno para  Zy alguien verse en un mundo que sea lo mejor posible "caeteris paribus, e.e. dentro del margen tolerado por los indicios o premisas de que parten las reglas de conjeturaci;n y, adems, acotado por lo razonable de tales reglas. Si es racional ese prop;sito, ser racional buscar argumentos a favor de la verdad de que el mundo es como mejor quepa racionalmente "y segCn cules sean los datos que se tenga" conjeturar que es. Sin embargo, hasta ahora nada prueba que haya un argumento convincente a favor de tal conclusi;n. Pero precisamente voy a presentar un argumento transcendental mostrando que esa conclusi;n es verdadera porque su verdad es presuposici;n de todo proceso de pensamiento racional. Un proceso de pensamiento racional es una secuencia de inferencias mediadas causalmente por actos deliberados "de atenci;n y de bCsqueda. El grado de racionalidad de tal proceso depender del grado de racionalidad de las inferencias y del de esos actos deliberados, que estar en funci;n a su vez del grado de racionalidad de ciertas creencias en el momento en que sean adoptados. Una persona obra racionalmente al buscar cierta evidencia y atender a ella, dada la racionalidad de sus prop;sitos de creencia. Y, dada la evidencia (los indicios) as1 ganada, ms ciertas creencias anteriores, ser racional para )l llegar a ciertas conclusiones. Pues bien, en cualquier proceso semejante hay un hilo conductor: ese hilo es el de buscar la mejor imagen del mundo. Si no se presupusiera que la imagen del mundo por la que debemos optar ha de ser la mejor de las alternativas no se  ZJ# podr1an justificar naturalmente las reglas de inferencia que se utilizan en cualquier proceso de pensamiento racional. El modo ms natural para cualquiera de justificar sus reglas deductivas es por inducci;n. Y el modo ms natural de justificar la inducci;n es aduciendo que una regla de inducci;n forma parte de una estrategia epistemol;gica tendente a brindarnos la mejor imagen del mundo. Es, pues, presuposici;n de todo pensar racional que se deben escoger reglas que nos permitan alcanzar la mejor imagen del mundo. Pero esa metarregla, a su vez, justif1case del modo ms natural sosteni)ndose que el mundo es del mejor de los modos compatibles con los indicios de que se disponga.)o.,,::ԌHay naturalmente, unas cuantas lagunas en el argumento que acabo de presentar: )ste es, desde luego, entimemtico (como los ms argumentos) y se sobreentienden premisas (o, alternativamente si se quiere, se estn aplicando reglas de inferencia que presuponen la verdad de esas premisas). C;mo podemos demostrar que el modo ms natural de justificar la deducci;n sea por inducci;n y que el modo ms natural de justificar reglas de inducci;n sea por referencia a su integraci;n en una estrategia tendente a procurarnos la mejor imagen  Z del mundo (y, lo que es ms, que todo eso es lo ms natural para cualquiera)? En cuanto a lo primero, porque es bien conocido que fracasan todos los intentos de justificar de otro modo la deducci;n. No valen ni los argumentos autosostenedores de la deducci;n ni la invocaci;n de la analiticidad ni menos el recurso a la intuici;n (que nada justifica "segCn la concepci;n de justificaci;n brindada en la Secc. 1 del presente trabajo). Adems todos los argumentos no"inductivos a favor de la deducci;n son artificiales en el sentido de que son rebuscados y poco transparentes. Puede, no obstante, objetarse: si Husserl o Carnap justificaran la deducci;n har1anlo inductivamente? Mi respuesta es que s1, pese a lo chocante que eso ser1a para sus respectivos puntos de vista filos;ficos; porque lo que ellos hacen es no"justificar la deducci;n y sostener que no tiene necesidad de justificaci;n; pero, si s1 la justificaran, tendr1an que cambiar (en parte al menos) de concepci;n filos;fica, so pena de grave incongruencia. Pasemos ahora a la inducci;n. Una actividad racional requiere que sea racional creer en la confiabilidad de las aplicaciones a que se vaya a proceder de las reglas de inferencia adoptadas. Cualquier regla de inducci;n puede, pues, subordinarse a una metarregla que estipula que cuando una regla suela (con un grado suficientemente elevado de frecuencia) tener aplicaciones ver1ficas y no haya indicios en contra de que va a ser ver1fica su pr;xima aplicaci;n, entonces efectivamente )sta Cltima ser ver1fica y, por lo tanto, puede en este caso aplicarse esa regla. As1 relativizada (por esa metarregla), pasa a  Z ser cre1da (racionalmente) como vlida una regla de inducci;n (suficientemente fina y atinada por lo dems): la nueva regla, debidamente relativizada por la metarregla, ya no dir  Z que en general se puede vlidamente concluir, p. ej., Todo ente es tal que...  de un nCmero de premisas de la forma es tal que...  con los guiones reemplazados en cada caso por un t)rmino designador particular, siempre y cuando se cumplan otras condiciones adicionales; no, en lugar de eso, la nueva regla dir que es vlida la restricci;n de la regla anterior a las circunstancias concretas de la pr;xima aplicaci;n prevista (no s;lo por haberse comprobado que la regla inductiva en cuesti;n suele "con un grado suficientemente elevado de frecuencia" tener aplicaciones ver1dicas y porque carecemos de indicios de que no vaya a serlo la pr;xima aplicaci;n de la misma, sino tambi)n porque la regla primitiva o dada estaba ya convenientemente pertrechada con otras condiciones de aplicabilidad que hac1an de ella una regla razonable). En suma, la regla que ahora aplicamos es el resultado de restringir la anterior de suerte que sea aplicable una sola vez ms; y, as1 restringida, la consideramos (racionalmente) vlida, o sea: es racional para nosotros la creencia de que esa regla es vlida. Porque es racional podemos justificar racionalmente esa creencia, infiri)ndola racionalmente de otras creencias que tenemos tambi)n racionalmente. El modo ms natural de justificar la metarregla gracias a la cual podemos racionalmente creer en la confiabilidad de las pr;ximas aplicaciones venideras de las reglas de inducci;n que hayamos adoptado es, sin embargo, un principio metodol;gico que justifique en general la inducci;n. Y )ste es el de que la inducci;n es un procedimiento que forma parte (privilegiada) de un m)todo tendente a llegar a la mejor imagen del mundo. En efecto: parece comprobado que falla cualquier otro modo de justificar la inducci;n. El modo alternativo ms grato de+o.,,:: intentar conseguirlo br1ndalo el argumento de la antisustentaci;n de la inducci;n propuesto por Max Black (vide (B:2)). Ese argumento no es exactamente circular. Sin embargo, parece presentar inconvenientes redhibitorios, en cuyo examen no cabe entrar aqu1. Por otro lado, el principio de la confiabilidad de la pr;xima aplicaci;n de una regla de inducci;n adoptada (racionalmente) recoge ya de suyo la llamada autojustificaci;n de la inducci;n de Black. S;lo que requiere una justificaci;n ulterior. Y la Cnica natural est dada  Z por algo as1 como la ley de la regularidad de la naturaleza de Mill.ux ~J ԍPodr1a alguien alegar que para tal viaje (volver a la tesis de Mill de la regularidad de la naturaleza) no eran menester alforjas. Eso es equivocado. Esa tesis de Mill es aceptada, con unos u otros matices, por muy diversos fil;sofos contemporneos, entre ellos Quine. Lo interesante no es, aisladamente, si s1 o no se encuentra presente en una concepci;n filos;fica una determinada tesis anteriormente propugnada por otro autor; sino c;mo se articula esa tesis en tal concepci;n, qu) nuevo papel juega en ella y c;mo se justifica ahora "en suma qu) nueva significaci;n filos;fica est revistiendo en el nuevo marco. N;tese, adems, que bajo el r;tulo de `principio de regularidad de la naturaleza', la tesis que estoy proponiendo dista de guardar una excesiva semejanza con la original de Mill.u Esa ley, a su vez, presupone un principio ms bsico, como el de que ha de optarse por la mejor imagen del mundo. En efecto: la ley de la regularidad d1cenos que entre dos imgenes del mundo igualmente avaladas por la evidencia hemos de optar por la que nos presente al mundo como ms regular. Pero el Cnico modo natural de demostrar eso es que, obrando as1, optamos por la mejor imagen del mundo de entre las que est)n igualmente avaladas por la evidencia disponible. Esa ley de Mill "en la formulaci;n que le acabo de dar" parece el Cnico modo natural de probar la verdad del principio de confiabilidad "o sea: de probar la  Z validez de las reglas de inducci;n restringidas (restringidas a la pr;xima aplicaci;n de las mismas). La justificaci;n del principio de que ha de preferirse la mejor imagen del mundo es este argumento transcendental: todo pensar evalCa las alternativas te;ricas disponibles desde el patr;n de la preferencia por la mejor imagen del mundo. Es, pues, presuposici;n de todo pensar la correcci;n de semejante patr;n. Un proceso de pensamiento es racional s;lo si es un acercamiento a la verdad. Ahora bien, es falso aquello que traer1a consigo la frustraci;n de todo pensar, e.d. la irracionalidad del mismo. Por ende, es falso que esa presuposici;n sea falsa. Conviene ahora precisar mejor ese argumento. Voy a hacerlo enunciado por enunciado. El primero es que el patr;n o rasero supremo en la evaluaci;n de teor1as por parte de todo pensamiento es la opci;n por la mejor imagen del mundo. Despr)ndese eso de que invocar el principio de que es preferible la mejor imagen del mundo forma parte del Cnico modo (natural por lo menos) de justificar la inducci;n, siendo por otro lado inductivo el Cnico modo (natural) de justificar la deducci;n, la cual forma parte de todo pensar; el que la invocaci;n de ese principio forme parte de la justificaci;n de la inducci;n significa que se aduce como teorema en la derivaci;n de las reglas de inducci;n restringida, cuya validez es presuposici;n de la derivaci;n de otras reglas de inferencia. Luego, por transitividad de la relaci;n de presuponer, toda actividad de inferencia presupone que es preferible la mejor imagen del mundo, o sea: presupone que, dadas dos imgenes del mundo incompatibles entre s1 ms avaladas por la misma evidencia, ha de ser juzgada como verdadera la que sea mejor (en el doble sentido de que nos presente al mundo como mejor que como lo hace la otra y que, al hacerlo as1, sea ella misma ms elegante, ms bonita). Queda as1 probado el segundo enunciado "consecuencia del primero, por consiguiente. La verdad del siguiente enunciado la conocemos por la noci;n misma de racionalidad de un proceso de pensamiento.$o.,,::ԌLo ms dif1cil de probar es el Cltimo enunciado: que es falso aquello cuya verdad ser1a incompatible con la racionalidad de todo proceso de pensamiento. Es falso si es que hay pensar racional. Mas lo hay? S1, es obvio que hay inferencias, creencias y todo eso. Pero no es obvio que haya inferencias racionales, mediadas por actos deliberados asimismo racionales, los cuales a su vez no queden, si son recurrentes, frustrados. Mi prueba de que se da pensar racional es que sencillamente resulta una conjetura ms plausible el pensar que se da. Es ms plausible porque, dadas dos teor1as, una segCn la cual se da y otra segCn la cual no se da, es preferible la primera porque nos da una mejor imagen del mundo (adems de que es presuposici;n de la segunda el que la primera es verdadera, segCn lo hemos visto "pero esto por s1 solo no prueba que la primera sea efectivamente verdadera). Pues bien, si hay pensamiento racional, es que no todo pensar queda frustrado, e.e. no se ve frustrado el recurrente prop;sito de acercarse a la verdad. Pero, de ser falsa (total y radicalmente falsa) una presuposici;n de todo proceso de pensamiento, ningCn proceso de pensamiento podr1a ser un acercamiento a la verdad. Luego, como hay pensar racional, resulta "por el tercer enunciado, el de que todo proceso de pensamiento racional es un acercamiento a la verdad" que no es (total y radicalmente) falso lo que est) presupuesto en todo pensar. No es, pues, (total y radicalmente) falso que, dadas dos imgenes del mundo incompatibles entre si pero avaladas por la misma evidencia, haya de ser juzgada como verdadera aquella que sea mejor. Lo que no es total y radicalmente falso es verdadero (principio de apencamiento). Luego es verdad que la mejor imagen del mundo ha de ser juzgada como verdadera. (Si luego nos percatamos, sobre la base de nueva evidencia, de que  Z; era falsa la mejor imagen del mundo que antes ten1amos, sencillamente entonces juzgaremos como verdadera a otra teor1a.) Concluyo, pues: hemos de tomar como verdadera la mejor imagen del mundo de entre las que est)n avaladas por la evidencia disponible. Pero prueba eso que sea verdadera tal imagen del mundo? La prueba de esto es, nuevamente, aplicando el mismo principio de optar por la mejor imagen: es mejor una imagen del mundo que nos dice que es verdad aquello que ha de ser juzgado como verdad. (Y n;tese que esta (cuasi)autoaplicaci;n de los  ZJ principios no es una autosustentaci;n en el sentido fundacionalista.)  J ~J ԍC;mo puede un argumento partir de qu) sea verdad con relaci;n a nuestro modo de concebir para concluir que en la realidad suceden tales o cuales cosas? Justamente en eso reside lo peculiar de los argumentos transcendentales: en, con ayuda de ciertos supuestos, concluir que en la realidad pasa esto o aquello a partir de constataciones de qu) cosas son verdad respecto de nuestro pensamiento fue Arist;teles el primero en emplear un argumento transcendental (al probar que es objetivamente verdadero el principio ontol;gico de no"contradicci;n a partir de la situaci;n doxsticamente insostenible de quien  ~J! o negara o no aceptara tal principio). Se ha acusado (p.ej. H.B. Veatch en A Non"Cartesian Meditation , ap. Graceful Reason,  ~J{" ed. por L.P. Gerson, Toronto: Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 1983, pp. 75 ss.) a la filosof1a contempornea por el giro transcendental, que consistir1a en limitar la tarea de la filosof1a a proyectar esquemas categoriales, o imgenes del mundo, en vez de investigar la realidad misma. Hay ah1 una equivocaci;n: tal acusaci;n es correcta contra un transcendentalismo idealista como el de Kant (y acaso hasta el de Mar)chal y su escuela), para quienes el modo de construir el puente que vaya del pensamiento a la realidad es establecer que de algCn modo la realidad (o lo objetivo) est constituida o configurada por nuestro pensamiento. Muy otro es el caso con un transcendentalismo realista, para el cual el puente se construye sobre la base de criterios y principios internos, s1, a la econom1a interna del pensamiento, pero a cuyo tenor no obstante el pensamiento mismo viene normado y determinado por la realidad y ajustado a ella: trtase de una exigencia de armon1a entre pensamiento y realidad, exigencia interna s1 al pensamiento pero que lleva a )ste a reconocer su dependencia respecto de la realidad, su supeditaci;n a lo real, lo cual patentiza que el pensamiento no es algo flotante, sino que est enraizado en lo real, lo refleja y se rige por ello. Claro que lo que la argumentaci;n trascendental no puede dar es garant1a inconcusa (una garant1a imparcial  ~J+ y absoluta). Mas no hay, no puede haber, garant1a as1 para el pensamiento humano (al menos pro isto statu, que dir1an los escolsticos). Tambi)n se me ha se9alado la similitud entre mi argumentaci;n transcendental y el tipo de enfoque caracter1stico+o.,, del argumento ontol;gico. Acepto ese acercamiento de perspectivas. Mi orientaci;n filos;fica, aun sin aceptar dicho argumento (salvo precisamente con la adici;n de la premisa de la optimalidad del mundo real de entre los epist)micamente posibles "vide infra, n. 20), s1 se aproxima a las concepciones filos;ficas que, desde S. Anselmo y Duns Escoto hasta Leibniz, Malebranche y Hegel, han hecho suyas versiones de tal argumentaci;n. Jo.,,::ԌEl mundo es, pues, el mejor de los epist)micamente posibles. O, ms exactamente, si hay diversos mundos epist)micamente posibles "varias imgenes del mundo avaladas por la misma evidencia pero incompatibles entre s1" y el conjunto que forman est parcialmente ordenado por una relaci;n de peoramejor, la verdadera es una que en tal ordenaci;n sea un elemento maximal, o sea: una imagen tal que no haya otra mejor. Dicho por modo de adagio: el mundo es o el mejor epist)micamente posible o, si no, tal que no hay ningCn otro  Z mundo epist)micamente posible que sea mejor que )l. ~J ԍLa tesis as1 demostrada de la optimalidad del mundo real de entre los epist)micamente posibles juega un papel central en toda la concepci;n metaf1sica del autor de estas l1neas. En particular desempe9a un papel crucial como premisa en las versiones que propongo "en otros trabajos" tanto de diversas pruebas de la existencia de Dios (pruebas climacol;gica, cosmol;gica, ontol;gica, teleol;gica y agustiniana "o por las verdades eternas, si bien )sta Cltima la juzgo concluyente, dados otros supuestos, aun prescindiendo de la premisa de la optimalidad del mundo") como asimismo de las pruebas de las principales determinaciones de Dios: personalidad, infinitud absoluta, omnisciencia, omnipotencia, omnibenevolencia y providencia. No s;lo eso: la tesis de la optimalidad del mundo juega en mi metaf1sica un papel crucial para probar tesis ontol;gicas como los principios de identidad de los indiscernibles, de plenitud, de raz;n suficiente y de continuidad. Todo ello, claro, tiene ese aire muy leibniziano (y, ms all, decidida y bsicamente plat;nico) que puede fcilmente reconocer cualquiera. No cabe empero olvidar el papel que juegan ciertas consideraciones epistemol;gicas en el itinerario cogitativo que me conduce a esas conclusiones "consideraciones a las que he dedicado el presente art1culo.    Zt  Secci;n 4. Puntualizaciones adicionales )a El prop;sito de esta secci;n es el de enumerar diez puntos en los que el enfoque propuesto en las tres secciones anteriores habr1a menester de aclaraciones y discusiones ulteriores para disipar confusiones a las que naturalmente puede dar lugar o para hacer exitosamente frente a reparos a los que se presta. Como lo he dicho, lo que sigue es, ante todo, una mera enumeraci;n, y en cada caso Cnicamente se insinCa por d;nde podr1a buscarse una salida a la dificultad apuntada. 1. La noci;n de racionalidad propuesta en la Secc. 2 puede verse como una forma  Z de externalismo. El externalismo es la concepci;n de la justificaci;n epist)mica que ve en )sta algo que estriba en una situaci;n en que objetivamente se halla la persona a quien se vaya a atribuir creencia justificada, y no (Cnicamente) en qu) creencias tenga o deje de tener. (El internalismo, en cambio, sostiene que la situaci;n nunca aporta justificaci;n ms que si la persona en cuesti;n cree que tal situaci;n se da "y, eventualmente y segCn los tipos de internalismo, si tal creencia tiene a su vez unas u otras caracter1sticas.) Ahora bien, la concepci;n de la justificaci;n de la Secc. 1 es radicalmente internalista. Eso significa que la concepci;n de racionalidad es externalista  en un sentido meramente traslaticio o anal;gico. Efectivamente, mi concepci;n de la racionalidad "y eso lo he se9alado frente a  Zc autores como Davidson" insiste ms en determinar qu) es o ser1a racional pensar para un sujeto dado que en c;mo llega(r1a) )l racionalmente a tal pensamiento. En esa medida y a pesar de que mi presente enfoque incluye un factor eminentemente pragmtico en la racionalidad "unos prop;sitos que deben estar en armon1a con las plasmaciones de los mismos a trav)s de actos de inferencia y cuerpos de creencias as1 formados", es sin duda)o.,,::  Z relativamente menos pragmtico que otros que insisten ms en el c;mo de la intervenci;n de los factores subjetivos "mientras que mi enfoque por su parte se limita a recalcar lo que podr1a verse como el contenido de tales factores. Por otro lado, y gracias a ello, mi concepci;n de la racionalidad es much1simo ms liberal, menos r1gida y exigente, que las ms concepciones alternativas, tan acusadamente internalistas (aunque a menudo "no es )se empero el caso de Davidson" vayan acompa9adas por un externalismo de la justificaci;n, Cnico modo consecuente de defender el fundacionalismo). Esa mayor liberalidad de mi enfoque corre pareja con mi concepci;n tambi)n menos exigente del conocimiento como creencia verdadera (justificada o no): todo ello se inscribe en el proyecto de una epistemolog1a naturalizada y sin ambici;n ninguna de garant1a (absoluta). 2. El enfoque aqu1 presentado se inscribe en una criteriolog1a coherencial que acepta  Z tanto la regresi;n justificativa al infinito como la circularidad: una circularidad de criterios:  Z no hay ningCn criterio supremo, sino que un criterio de verdad puede ser avalado por cierta evidencia que sea reputada como tal en virtud de otro criterio y as1 sucesivamente de suerte que la cadena venga cerrada a la postre sobre s1 misma. En ese sentido un cierto principio o criterio epist)mico (el de preferir la mejor imagen del mundo, p.ej.) viene justificado en virtud indirectamente de s1 mismo. (Eso no equivale de ninguna manera a la autosustentaci;n fundacionalista de una autocertificaci;n inmediata, evidencialmente manifestada con exhibici;n de unas credenciales irrecusables pero a la vez autolegitimantes. En mi enfoque no hay ni por asomo nada semejante.) 3. Uno de los ms graves reparos que se opondrn al enfoque propuesto en las Seccs. 2 y 3 de este trabajo es que, al ser tan laxo en lo tocante a expedir certificados de racionalidad (en la medida en que por un lado es externalista, pero por otro lado no estipula,  Z como condiciones sine quibus non, clusulas suficientemente exigentes de puesta a prueba, sometimiento a tests o al tribunal de la cr1tica y la experiencia, etc. "todo lo cual por otro lado es congruente con la opci;n coherencialista de la concepci;n epistemol;gica subyacente a este enfoque), se adoptar1a una actitud complaciente ante una autosustentaci;n plcida de un sistema o una concepci;n del mundo que, determinando por y desde s1 misma sus propios criterios, entronice un principio irrestricto de tenacidad (y, por ende, de racionalizaci;n de la propia posici;n cueste lo que costare), con menosprecio y menoscabo de otros principios que deben servirle de contrapeso, principios que hagan hincapi) en la cr1tica, en el sometimiento a instancias exteriores al propio sistema. De ah1 que ese enfoque, al ver a cada sistema en la econom1a de s1 mismo, vea en todos ellos la vigencia de un ideal de sistematicidad "entendido o aplicado del modo que sea", que a su vez no hace sino revelar la vigencia de otro ms bsico, el de la preferencia por la mejor imagen del mundo. A lo cual se opondr1a que, en la marcha del pensamiento, contrarrestan (y deben contrarrestar) esa tendencia a la sistematicidad factores externos, en los que no se presuponga nada af1n a una preferencia semejante (e incluso entren en conflicto con ella). Respondo lo siguiente. Aunque desde luego el reproche no es infundado (esa opci;n por la sistematicidad y esa creencia en la soberan1a de cada sistema y su inmunidad a cualesquiera cr1ticas que se le hagan desde fuera forman parte de mi planteamiento, toda vez que puede siempre un enfoque sistemtico recuperar tales cr1ticas autocriticndose y reintroduciendo as1, en su propio proceder, tras cribarlas y adaptarlas, las consideraciones que contra )l pudieran hacerse desde la autoridad de instancias epist)micamente escuchables pero ajenas al sistema), no obstante creo que vendr mellado el filo de la objeci;n en cuanto se percate uno de que tambi)n en la operatividad de factores ajenos a la econom1a interna de unO+o.,,:: sistema se plasmar siempre una necesidad de escoger entre varias alternativas y que, directa o indirectamente, siempre estar jugando un papel en tal opci;n el principio de optar por la mejor imagen del mundo "de ah1 precisamente esos principios o criterios de simplicidad, rigor, consiliancia, analog1a y dems ideales regulativos de la raz;n que han sido propuestos en una amplia gama de concepciones epistemol;gicas. Por otro lado, sin embargo, he dejado claro que en la opci;n por el mejor mundo de los epist)micamente posibles la noci;n de mundo epist)micamente posible  o sea de alternativa teor)ticamente aceptable en una determinada coyuntura para alguien debe entenderse con las suficientes precisiones: segCn la evidencia disponible y segCn la razonabilidad de las diferentes reglas de inferencia conjeturante que permitan de tal evidencia (o indicios) concluir sendas conclusiones "e.e. sendas alternativas teor)ticas. 4. En el tratamiento que he propuesto de la inducci;n no he mencionado la posibilidad de diferentes reglas de inducci;n que entren en conflicto. De manera ms general cabe la posibilidad de que diversos criterios, todos ellos racionalmente aceptables, de justificaci;n epist)mica entren en conflicto a la hora de aplicarlos en ciertos casos. Creo que pueden arbitrarse soluciones en esos casos mediante combinaciones de casu1stica, supeditaci;n a otros criterios "de corte y sesgo coherencialista desde luego (como los  Zw propuestos por Rescher en The Coherente Theory of Truth) y, por Cltimo, el recurso de grados de verdad (al que voy a aludir en el punto siguiente). Pero me parece que, sin dejar de ser de gran inter)s, pod1an tales complicaciones ser l1citamente omitidas del presente tratamiento. 5. Que hay grados de verdad es una de las tesis que he defendido ms tenazmente en mis diversos trabajos filos;ficos. Y, sin embargo, poco papel juega tal tesis en el presente estudio. No es que haya apostatado de ella. Todo lo contrario! Mas he cre1do conveniente ver hasta d;nde pod1a irse en la justificaci;n transcendental de ese ideal mximo de la raz;n que es la opci;n por la mejor imagen del mundo sin acudir a la noci;n de grados de realidad o verdad con su carga correspondiente de aceptaci;n de la existencia de verdades mutuamente contradictorias. N;tese que mucho de lo aqu1 dicho da incluso por sentado que  ZJ no hay tales grados (o, mejor dicho, est expresado como si no los hubiera); mas puede ser reformulado todo eso de manera que se reconozca expresamente que se dan grados de verdad. No s;lo puede sino que debe. S;lo as1 se solucionar1an graves problemas del presente tratamiento como la vaguedad de palabras como `suficientemente', `suelen' y as1  Z sucesivamente. Hay grados de creencia, de justificaci;n, de racionalidad, de soler, de preferencia "y de todo lo dems, e.e. de todas las propiedades y relaciones a las que normalmente hacemos referencia. Mas permanecer1a como invariable en el planteamiento as1 reformulado lo esencial del aqu1 propuesto: la justificaci;n trascendental de la opci;n por el mejor de entre los mundos epist)micamente posibles. 6. Otra dificultad que podr1a igualmente tratarse satisfactoriamente con una aplicaci;n convenientemente matizada y articulada de la noci;n de grados mCltiples de verdad ser1a el espinoso problema "que aqueja al presente planteamiento" de que no hay  Z' ninguna noci;n clara de en qu) estribe un acercamiento a la verdad (como lo ha se9alado reiteradas veces Quine frente a Popper y muchos otros). Aun reconociendo la gran dificultad del asunto, me atengo tanto a la convicci;n de que no todo puede estar mal en torno a una noci;n tan bsica de cualquier planteamiento epistemol;gico ingenuo  (la de acercamiento a la verdad) como a la esperanza (que creo fundada) de que pueda por fin obtenerse una*o.,,:: articulaci;n aceptable de tal noci;n gracias a la admisi;n de grados de verdad "pero sin por ello identificar el grado de verdad de una teor1a con su grado de acercamiento a la verdad. 7. Igualmente habr1a que enriquecer y flexibilizar en muchos lugares el actual planteamiento con la introducci;n de la noci;n de aspectos de verdad o de realidad (que, sin embargo, ya est presentada en la Secc. 1 al identificarse un mundo"posible  con un aspecto de lo real "en lugar de ver en los mundos posibles entidades a mi juicio enigmticas, exiladas del mundo real). A tenor de tal enriquecimiento se ver1a que la verdad o falsedad de un enunciado (la existencia o inexistencia de lo por )l significado) es pluriaspectual, e.e. que los valores de verdad son tensoriales y no escalares. Todo eso nos lleva a las aguas procelosas de la metaf1sica y lo he tratado en otros lugares. Aqu1 era mejor omitirlo de soslayo y puntualmente hacer a ello una alusi;n ligera. 8. Un problema serio que se plantea con respecto a la noci;n de justificaci;n delineada en la Secc. 1 de este trabajo es que, siendo como es relativa (relacional), no por ello deja de utilizarse en diversos casos de un modo que no parece ser relacional. As1, cuando se dice que una creencia es(t) justificada para alguien qu) quiere decirse? Una respuesta corriente (que explota un regimentado uso no relacional de las expresiones relacionales procedente de Frege) ser1a que decir eso ser1a un modo abreviado de decir que esa creencia est justificada (para ese alguien) con relaci;n a algunas otras creencias y a alguna(s) regla(s) de inferencia (al igual que decir que alguien es madre ser1a un modo abreviado de decir que es madre de alguien). En mi concepci;n, sin embargo, no es exactamente as1. Que una opini;n de alguien est) justificada es verdad ssi est justificada con relaci;n a otras opiniones suyas y a ciertas reglas de inferencia que )l aplica; pero puede ser menos verdadero lo primero que lo segundo (cosa imposible si la primera oraci;n fuera una abreviaci;n de la segunda) "al igual que puede ser menos verdad que alguien es amigo que no que es amigo de alguien. Toda expresi;n relacional tiene, pues, un uso no relacional; s;lo que la verdad de una oraci;n con una de tales palabras en el uso no (expl1citamente) relacional est ligada por ciertos nexos a la verdad de alguna oraci;n con la misma palabra en su uso expresamente relacional. (Aplicando una regla de cercenamiento que he defendido en otros lugares, se deducir1a de `tal opini;n est justificada (para tal persona) con relaci;n a tales otras creencias y reglas de inferencia' la conclusi;n `tal opini;n est justificada (para tal persona)'; pero en una deducci;n correcta el grado de verdad de la conclusi;n puede ser menor que el de las premisas.) Cun verdad sea que una opini;n de alguien est justificada depender (al menos entre otros factores) de cun racional sea para )l tener aquellas creencias y creer vlidas aquellas reglas de inferencia con relaci;n a las cuales est) para )l justificada la opini;n en cuesti;n. Semejantes complicaciones pueden quedar para otro trabajo. 9. Dos cuestiones acaso menores pero no muy fcilmente descartables son las de que la estrategia epistemol;gica esbozada, al conducir a entronizar una opci;n sistemtica por la mejor imagen del mundo, quedar1a por ello mismo descalificada, al revelarse as1  Z& como un g)nero de wishful thinking. Mi respuesta es que hay otros modos de justificar esa estrategia, p. ej. su propio )xito epist)mico "del cual desde luego se puede dudar, desde hip;tesis como la del genio maligno o su versi;n actualizada, la del cerebro preso en un laboratorio, si bien es fcil refutar tales hip;tesis con un argumento transcendental que de algCn modo les quita hasta sentido (aunque tal refutaci;n desde luego nunca puede ser definitiva ni sin vuelta de hoja, pues siempre tendr sus propias presuposiciones; en efecto un argumento transcendental, aparte ya de lo que parecen obvias constataciones, nos habla+o.,,:: a favor de ese )xito de nuestra estrategia epist)mica, la cual "segCn parece poder corroborarse con un argumento inductivo" se atiene siempre, ms o menos clara o conscientemente, a ese criterio de opci;n por la mejor imagen del mundo. De suerte que el argumento de la Secc. 3 no es el Cnico que parece mostrar que el mundo es el mejor de los epist)micamente posibles; entonces, no parece tan irrealista sostener semejante tesis. (Claro que puede mantenerse el reproche de circularidad contra este nuevo argumento, que parece presuponer la correcci;n de lo que prueba.) La otra cuesti;n es la de si el carcter grato, placentero o agradable de una teor1a es lo mismo que el que nos presente al mundo bien (o mejor que sus rivales); mi respuesta es que por lo menos parece cierto que en la medida en que una teor1a tenga la segunda caracter1stica tendr la primera, o como m1nimo que hay una correlaci;n entre los grados de lo uno y de lo otro; podemos, pues, dejar sin zanjar la cuesti;n de la identidad entre tales caracter1sticas; naturalmente aun esa correlaci;n puede no ser perfecta o en todos los casos (quiz hay masoquistas que disfrutan con teor1as que les presenten el mundo como muy malo), y, de ser as1, habr1a que restringirla a los  Z. aspectos de lo real pertinentes para las tareas de justificaci;n epist)mica. .  ~J ԍEl presente art1culo es una versi;n modificada de un trabajo que present) oralmente en la Universidad de Valencia el 10 de junio de 1986. Agradezco las observaciones que entonces me hiciera Jos) M Garc1a G;mez Heras y los comentarios de Vicente Sanf)lix. Tambi)n he tenido en cuenta algunas cr1ticas de I. Falgueras y de J. Blasco, aunque desde luego sin menoscabo de la posici;n filos;fica aqu1 defendida, muy alejada de esos colegas.   Referencias bibliogrficas  Zc )a  (B:1) Richard Brandt, Rational Desires , Proceedings of the American Philosophical  ZV Association 43 (196970), pp. 4364.#  Z  (B:2) Max Black, Argumentos inductivos autoapoyados , ap. La justificaci;n del  Z razonamiento inductivo, introducci;n y selecci;n de R. Swinburne (trad. castell. de E. P)rez Sede9o). Madrid: Alianza, 1976, pp. 15362 y 16972.#  Z   (B:3) Harold I. Brown, Need There Be a Problem of Induction? , Canadian Journal of  Z Philosophy 8/3 (sept. 1978), Pp. 52132.#  Zh  (D:1) Stephen L. Darwall, Practical Scepticism and the Reasons for Action , Canadian  Z[ Journal of Philosophy 8/2 (jun. 1978), Pp. 24758.#  (D:2) Donald Davidson, Essays on Actions and Events. Oxford: Clarendon, 1980.#  Z+  (F:1) Michael Friedman, Explanation and Scientific Understanding , The Journal of  Z Philosophy, 71/1 (en... 1974), pp. 519.#  Z  (G:1) H.P. Grice, Logic and Conversation , ap. Syntax and Semantics, vol. 3: Speech Acts, ed. por Peter Cole & J.L. Morgan. New York: Academic Press, 1974, pp. 4358.#  Z!  (G:2) David Gauthier, Reason and Maximization , Canadian Journal of Philosophy, vol. 4 (1975), pp. 41133.#  Z;$  (H:1) Charles T. Hagen, Rationality in Plato's Republic , Philosophy Research Archives, vol. XI (marzo 1986), pp. 61134.#.%o.,,::Ԍ Z  (H:2) Stuart Hampshire, Russell, Radicalism, and Reason , ap. Philosophy and Political  Z Action, ed. por K. Nielsen & Ch. Parsons. Oxford U.P., 1972, pp. 25874.#  Z\  (K:1) Philip Kitcher, Explanation, Conjunction, and Unification , The Journal of  ZO Philosophy 73/8 (abril, 1976), pp. 20713.#  Z  (L:1) Keith Lehrer, A Self Profile , ap. Keith Lehrer, ed. por Radu J. Bogdan. Dordrecht: Reidel, 1981, pp. 3104.#  Z  (L:2) David Lewis, Counterfactuals. Oxford: Blackwell, 1973.#  Z{  (M:1) Kenton F. Machina, Induction and Deduction Revisited , NoEs 19/4 (dic. 1985), pp. 5718.#  Z  (M:2) JesCs Moster1n, La incompleta racionalidad , Teorema 7/1 (1977), pp. 5588.#  Z>  (N:1) Kai Nielsen, Conceptual Relativism , Grazer philosophische Studien, vol. 3 (1977), pp. 7187.#  Z  (P:1) Lorenzo Pe9a, Critical Study of da Costa's Foundations of Logic , Logique et  Z Analyse n 100 (dic. 1982), Pp. 44766. #  Z  (P:2) Lorenzo Pe9a, Conocimiento y justificaci;n epist)mica , Revista de la Universidad  Z Cat;lica n 28 (nov. 1980), pp. 3567.#  (P:3) Lorenzo Pe9a, La coincidencia de los opuestos en Dios. Quito: Educ, 1981.#  (P:4) Lorenzo Pe9a, Semntica veredictiva y l;gica infinivalente . Comunicaci;n presentada en el Symposio Internacional sobre el pensamiento filos;fico de W. Quine  celebrado en Granada en marzo de 1986.#  (P:5) Michael Perkins & Donald C. Hubin, SelfSubverting Principles of Choice ,  Z Canadian Journal of Philosophy 16/1 (marzo 1986), pp. 110.#  ZZ  (P:6) John F. Post, Paradox in Critical Rationalism and Related Theories , Philosophical  ZM Forum vol. 3 (1971), pp. 2761.#  Z  (R:1) Joseph Raz, Value Incommensurability: Some Preliminaries , Proceedings of the  Z Aristotelian Society, vol. 86 (1986), pp. 11734.#  Z  (S:1) R. Schuldenfrei, Quine in Perspective , The Journal of Philosophy, vol. 69 (1972), pp. 1 ss.#  Zl!  (S:2) Eliott Sober, Simplicity. Oxford: Clarendon, 1975.#  Z"  (S:3) Marshall Swain, Reasons and Knowledge. Ithaca: Cornell U.P., 1980.#  Z>$  (S:4) Leovigildo Salcedo, Critica, ap. Philosophiae Scholasticae Summa. Madrid: BAC, 1964, 3 ed., pp. 191456.#  Z&  (T:1) Paul R. Thagard, The Best Explanation: Criteria for Theory Choice , The Journal  Z' of Philosophy 75/2 (feb. 1978), pp. 7693.#  Z(  (W:1) Bryan R. Wilson (ed.), Rationality. Oxford: Blackwell, 1970.