WPCV 2EBVSZ3|x2xxx Xx  @X@Standard PrinterSTANDARD.PRSx  @WnX@93-07-18 22:42 los confines del saber cient1fico art1culo para el libro de homenaje a Miguelya he metido, en esta reelaboraci;n, los comentarios de Sebastin 600puntos* #x  @UX@# dddd X` hp x (#%'0*,.8135@8:=]{{] 88]88]]SS%8"^39Lgg9DDP|3D3|gggggggggg33|||[}}rED}ª|l~͉D|D|g9gq[}bDrw<0rDgg9gggDDggrrDg"^@UUUU@U@GUUdUGUUrrUGUGrdUre8eU@UU+UUUUUUUUUUGrrrrrdGdGdGdGrrrrrrrrdGdGdGdGGGGGGrrrddddUUUrrrGrdUKZ@UMUGUUU27R/g2!45"^@UUUU@U@GUUdUGUU}Pg}re8eU@UU+UUUUUUUUUUGrrrrrdGdGdGdGrrrrrrrrdGdGdGdGGGGGGrrrddddUUUrrrGrdUKZ@UMUGUUU"m^3DVggDDDg3D39ggggggggggDDg}}}}D[r}}gr}}rrP9PWgDgg[g[9gg99[9ggggPP9g[[[PR8RoD3DD"DDDDDDDDDDg9}g}g}g}g}g[}[}[}[}[D9D9D9D9gggggggggr[}ggggr[}g}g}g[[[[g}[}[}[}[ggggggggD9D9D9D9[[r9r9r9r9r9gggggg‰}P}P}PgPgPgPgPr9r9r9ggggggr[rPrPrPgr9g}PgPr9r[r[gggKH3kgPgggggg9@gg,rrgDDggggDr"m^3PrggDDDgu3D39ggggggggggDDuuugPg}}r}}}D9DugDgg[g[Dgr99g9rgggPP9r[g[PG-GuD3DD"DDDDDDDDDDg9ggggg”[[[[[P9P9P9P9rggggrrrr}[gggg}[ggg[[[[g[[[[ggggggrrP9P9P9P9gg}9}9}9}9}9rrrrgg”PPPrPrPrPrP}9}9}9rrrrrr}[}P}P}Pg}9rPrP}9}[}[ggrKH3ggPgggggg7>gg9gggDDggrrDg"m^+:IWW:::Wu+:+0WWWWWWWWWW::uuuWjjt}jj}}:Mt`t}j}jW`}jj``C0CIW:WWMWM0WW00M0}WWWWCC0WMtMMCE0E^:+::::::::::::W0jWjWjWjWjWttMjMjMjMjM:0:0:0:0tW}W}W}W}W}W}W}W}W`MjW}W}W}W`MjWjWjWtMtMtMtM}WjMjMjMjM}W}W}W}W}W}W}W}W:0:0:0:0MtM`0`0`0`0`0tWtWtWtW}W}WtjCjCjCWCWCWCWC`0`0`0}W}W}W}W}W}Wt`M`C`C`C}W`0tWjCWC`0`M`M}W}W}WK=+[WCWWWWWW06WW%``W::WWWW:`2b>m749:<"^+:GWW:::Wb+:+0WWWWWWWWWW00bbbM}tt}j`}}:C}j}}`}t`j}}}}j:0:QW:MWMWM:WW00W0WWWW:C0WW}WWMS#S^:+::::::::::::W0}M}M}M}M}MttMjMjMjMjM:0:0:0:0}W}W}W}W}W}W}W}W}W}W}M}W}W}W}W}M}M}MtMtMtMtM}WjMjMjMjM}W}W}W}W}W}W}W}W:0:0:0:0C}Wj0j0j0j0j0}W}W}W}W}W}W}t:t:t:`C`C`C`Cj0j0j0}W}W}W}W}W}W}}WjMjMjM}Wj0}Wt:`Cj0}W}W}W}W}W"m^+:`WW:::Wc+:+0WWWWWWWWWW::cccW}t}}tjCWt}j}`t}}}}t:0:eW:W`M`M:W`0:`0`W``MC:`W}WWMD&DZ:+::::::::::::`0}W}W}W}W}W}}MtMtMtMtMC0C0C0C0}`WWWW}`}`}`}`}W}W}`WW}W}W}W}W}M}M}M}M}`tMtMtMtMWWWWWW``C0C0C0C0W`t0t0t0t0t0}`}`}`}`WW}}M}M}M`C`C`C`Ct:t:t:}`}`}`}`}`}`}}WtMtMtM}`t0}`}M`Ct:}W}W}`W}`K=+^W:WWWWWW49WW0WWW::WW``:W"m^+C`WW:::Wc+:+0WWWWWWWWWW::cccWttt}tt}CWtj}}j}t`j}ttjj:0:cW:WWMWM:W`00W0`WWWCC0`MtWMC<&N@BB"m^.8O]]x.88Aa.8..]]]]]]]]]]88aaafxxxxofx.]xfxoxofxooof8.8a].]f]f]8ff..].ffffA]8f]]]SA/Aa8.888888888888f.x]x]x]x]x]x]o]o]o]o]........xfffffxfxfxfxfo]x]xfffo]x]x]x]x]x]x]x]xfo]o]o]o]ffffffxfxf........]x]f.f.f.f.f.xfxfxfxfffxAxAxAo]o]o]o]f8f8f8xfxfxfxfxfxfo]fSfSfSxff.xfxAo]f8o]o]xffxfK:.]]8f]]]]]>=]{{](SS]88]]ff.S"m^..;]]o%88Aa.8..]]]]]]]]]]..aaa]ooxxofx.So]xoxofxooof...N]%]]S]].]]%%S%]]]]8S.]SxSSS8+8a8.888888888888f.o]o]o]o]o]xSo]o]o]o]........x]]]]]x]x]x]x]oSo]x]f]oSo]o]o]xSxSxSxSx]o]o]o]o]]]]]]]x]x].....%..SoS]%]%]%]%]%x]x]x]x]]]x8x8x8oSoSoSoSf.f.f.x]x]x]x]x]x]xoSfSfSfSx]]%x]x8oSf.oSoSx]]x]K:.Z]8f]]]]]>=]{{] 88]88]]SS%8CourierHelvetica NarrowHelveticaPalatinoPalatino BoldPalatino ItalicPalatino Bold ItalicTimes RomanTimes Roman BoldTimes Roman ItalicTimes Roman Bold ItalicHelvetica BoldHelvetica ObliqueHelvetica Bold ObliqueSymbol"m^.8O]]x.88Aa.8..]]]]]]]]]]88aaafxxxxofx.]xfxoxofxooof8.8a].]f]f]8ff..].ffffA]8f]]]SA/Aa8.888888888888f.x]x]x]x]x]x]o]o]o]o]........xfffffxfxfxfxfo]x]xfffo]x]x]x]x]x]x]x]xfo]o]o]o]ffffffxfxf........]x]f.f.f.f.f.xfxfxfxfffxAxAxAo]o]o]o]f8f8f8xfxfxfxfxfxfo]fSfSfSxff.xfxAo]f8o]o]xffxfK:.]]8f]]]]]>=]{{](SS]88]]ff.S2LDGH|I"9 ^9DTggDDDgq3q39gggggggggg99qqq[}rDP}rr}”}D9D`gD[g[g[Dgg99g9ggggDP9gggg[b)boK^3]gD[ggggg9@gg%[[gDDggrrD[tqqq"9qCCqqq||Rq8e3T||Z||eqqqqgeeeeeeeeOOOOOOOOOOOOяq|T}eZe|kHCqqvkeqqwqy|ZZv|qZ|CCqvv|ZZZZZZZ||||||||||||||||||||CCCCCCCCCCCCqqqqqqqvvvvvvvvvvvvHHq "} v p# =ك  e  t=ك  e3 o  .,,. $   6&6&StandardII.PS)LAURENTI.PRSXh46&standard_duplex6&standard_duplexNTI.PRSXh4       << X` hp x (#%'0*,.8135@8:. Una situaci;n que se involucra a s1 misma ser, as1, una cuyo primer componente sea ella misma. Lo cual acarrea que existen  Y  conjuntos que son miembros de s1 mismos. En mi libro  Rudimentos de l;gica matemtica  he aportado argumentos adicionales a favor del punto de vista de Barwise, sin comprometer Y me a aceptar la identificaci;n propuesta por la semntica de situaciones q Jd ԍ V)ase el cap1tulo 1 de la Secci;n IV, titulado CCmulos desfondados , de  Rudimentos de l;gica  J. matemtica , Madrid: Servicio de Publicaciones del CSIC, 1991, pgs. 257ss.. Y adems hay  Y razones independientes para desechar los dogmas de la teor1a estndar de conjuntos $q J ԍVer L;gica combinatoria o teor1a estndar de conjuntos? ,  Arbor 520 (abril 1989), pp. 3373.. Hay varias razones para pensar que la ciencia es una situaci;n involucrada en s1 misma. Podemos concebir a la ciencia como un gran acontecimiento o hecho en el cual estn involucrados cuantos entes son agentes u objetos de la indagaci;n cient1fica "y tal vez tambi)n otros entes. Hemos visto que el estudio de la ciencia es cient1fico, por lo menos en algCn grado, puesto que pertenece a una investigaci;n fronteriza entre ciencia y nociencia, y lo que est en la frontera pertenece a la ciencia "en una u otra medida, por peque9a que sea. As1, hay un estudio de la ciencia que es [en alguna medida] cient1fico. La ciencia es uno de sus propios componentes. Hay otros modos como la ciencia se involucra a s1 misma. Tienen mucho que ver con uno de los argumentos a favor del irracionalismo propuestos recientemente y a los cuales he estado refiri)ndome pginas atrs. Al)gase que no hay frontera [neta] entre ciencia y nociencia (ni por ende "segCn los maximalistas o clasicistas" frontera alguna en absoluto entre ellas) porque, en Cltimo t)rmino, la cientificidad de un m)todo consistir1a en que el mismo sea aceptado como tal por la comunidad de investigadores. En una versi;n menos r1gida lo que se sostiene es que no es posible ninguna caracterizaci;n de la ciencia que no comporte una referencia al hecho bruto de la ciencia, o por lo menos a su tradici;n, la cual a su vez no puede definirse independientemente. La ciencia no puede venir exhaustivamente caracterizada en t)rminos tales que ninguno de ellos mencione a la propia ciencia; conque podr1a individuarse s;lo de un modo de1ctico. Algo de eso puede concederse. Una comparaci;n con la pol1tica puede ser ilustrativa. Un Estado es Cnicamente una organizaci;n que reclama el monopolio del empleo de la fuerza dentro de un territorio y a la que los dems Estados reconocen el derecho a hacerlo. Supongamos que hubiera en el planeta dos conjuntos [juntamente] exhaustivos pero disjuntos (o sea [mutuamente] exclusivos) con esos requisitos. Cul de ellos ser1a el conjunto de los Estados? S;lo uno de ellos, aquel que de hecho abarcara los Estados, en lugar de su competidor. Mas la definici;n no nos permite saber cul. En lo tocante a la ciencia, las cosas son felizmente menos lCgubres. Mas vale la comparaci;n. Una disciplina cient1fica es una a la cual [quienes practican] otras ciencias reconocen el privilegio de estudiar algCn campo o tema. Sabemos que todo eso es un asunto de grado (y tambi)n de aspecto) y no un asunto de todo o nada. No obstante, si surgiera en el&  o.,,88 mundo cient1fico una situaci;n semejante a la reci)n considerada para la pol1tica, habr1a un buen criterio, a saber: la ciencia ser1a el ms racional conjunto de investigaciones y actividades te;ricas. Subsiste, as1 y todo, algo certero en la comparaci;n. No es posible ninguna caracterizaci;n completa de lo que define a la ciencia sin mencionar a la propia ciencia. La frontera entre ciencia y nociencia est trazada de tal manera que, aunque tengamos "como sucede" varios criterios parciales, ninguno de ellos nos brinda condiciones necesarias y suficientes, sino s;lo aproximaciones a unas o a otras. Permanece un residuo, que escapa a la definici;n. Cierto que nada es cient1fico a menos que cumpla algunos requisitos de racionalidad, y que cuanto reCne todos esos requisitos es indudablemente cient1fico. Mas un procedimiento puede tener un grado de cientificidad menor "o mayor" que el grado en el que reCna esos requisitos de racionalidad. Lo que marca la diferencia es el hecho de la ciencia. No un hecho metaf1sico bruto, misteriosamente irreducible, sino un hecho dilucidable por la desviaci;n de su grado de pertenencia al conjunto de la ciencia respecto del grado en que se cumplen los requisitos de racionalidad. Dilucidable en principio, aunque s;lo por un anlisis infinito (una tarea interminable). (Y as1 retomamos una idea leibniziana, muy cara a Miguel Snchez-Mazas.) Mientras tanto, algo nos ayuda a tener paciencia, algo gracias a lo cual la ciencia no es una entidad escurridiza u opaca a la comprensi;n. Ese algo es el hecho de que la ciencia es un ente autoinvolucrado, igual que muchas otras situaciones. Una de las pautas de cientificidad es la propia cientificidad. Lo cual no significa que el venir aceptado por los investigadores  Y sea lo mismo que ser cient1fico. S;lo c%teris paribus (o ms exactamente, de una manera que  Y se acerca a ser c%teris paribus) es cierto que, cuanto ms aceptado como correcto por los investigadores est un procedimiento, ms cient1fico es, y viceversa. No cabe, empero, un anlisis cabal del grado de cientificidad de un m)todo en un per1odo dado sin tener en cuenta que la prctica de la ciencia determina "de una manera ni puramente arbitraria ni tampoco completamente basada en razones objetivas vlidas" una preferencia por algunos m)todos antes que otros. Puede concederse eso a autores como Feyerabend sin por ello admitir su err;nea conclusi;n de que todo vale o, alternativamente, de que la ciencia es la ciencia y nada ms, una de entre muchas maneras posibles de abordar o investigar el mundo. No es meramente una entre muchas. Es la mejor. Mas la forma y el grado en que otorga aceptabilidad a un m)todo o a un procedimiento determinado depende en parte de la facticidad de la propia ciencia "su existencia y sus tradiciones segCn suceden y han sucedido de hecho las cosas (no en un mundo posible diferente). Mas esas desviaciones ocurren dentro de l1mites estrictos y acaso estrechos.    YT#  5." Perge9ando la teor1a l;gica adecuada * La l;gica es el estudio de las reglas de inferencia correctas (aunque tambi)n es el estudio de las verdades l;gicas). Ms concretamente, ocCpese o no de otro tipo de inferencias, es ms o menos indiscutible que investiga las inferencias deductivas, e.d. aquellas inferencias en las que la transici;n de las premisas a la conclusi;n no est sujeta a condici;n alguna. Vimos anteriormente que un argumento frecuentemente esgrimido a favor de conclusiones irracionalistas es una concatenaci;n de una aplicaci;n del silogismo disyuntivo y una de la contraposici;n. Desde el punto de vista de la l;gica clsica, es inobjetable tal procedimiento. Mas no as1 desde cualquier otro punto de vista.+ o.,,88ԌEl enfoque l;gico que (a la espera de una soluci;n mejor, si )sta llega) parece ms razonable para abordar las dificultades con que nos hemos topado (acerca de los l1mites en  Y general, y de la franja de transici;n entre ciencia y nociencia en particular) es la l;gica tran Y sitiva , una familia de sistemas pr;ximos entre s1 y en los cuales se reconocen dos negaciones diferentes: una simple o natural, `N', y una negaci;n fuerte, `'. La primera viene caracterizada por las propiedades pertenecientes a un operador unario en un lgebra de Kleene; a saber (suponiendo que tanto la conyunci;n cuanto la disyunci;n son conmutativas, asociativas, idempotentes, mutuamente distributivas, y que satisfacen: absorci;n [e.d.  Yv Ԛ pVqUqq , donde `' es el ms fuerte functor de equivalencia en el sistema]; adici;n  Yj [ p.pVq ]; simplificaci;n [ pUqp ]; y adjunci;n [ p ,  q    pUq ]): DeMorgan,  Y^ involutividad, tercio excluso (e.d. la teorematicidad de  pVNp ), abducci;n ( Nppp ) y  YR el principio de Kleene,  pUNp.qVNq  "siendo `' el ms fuerte functor de implicaci;n o  YF de entra9amiento en el sistema). Aunque es vlido el modus tollens para la negaci;n simple,  Y6 no lo es la contraposici;n: la siguiente regla es correcta en la l;gica transitiva:  pq ,  Nq   Y*   Np ; mas este secuente no es correcto: Si  p Ġ q , entonces  Nq ĠÓ Np . As1 que falla el segundo eslab;n del argumento proirracionalista (si es correcta la l;gica transitiva). Y otro tanto le sucede al primer eslab;n, ya que el silogismo disyuntivo no es correcto para la negaci;n simple. Por otro lado, la negaci;n fuerte, `', est caracterizada por: DeMorgan; una  Y versi;n debilitada de la involutividad ( pp , donde `' es un functor bicondicional tal que  Y es condici;n necesaria y suficiente para que  pq  sea verdad que el mundo no deje de  Y contener p si contiene q y viceversa); tercio excluso ( pVp ); y el principio de Cornubia,  Y a saber:  pUpq . As1 pues, la negaci;n fuerte difiere de la negaci;n simple principalmente por estar dotada del principio de Cornubia, debido a lo cual el silogismo disyuntivo y la contraposici;n son correctos para ese tipo de negaci;n. Ahora bien, el razonamiento que desemboca en la conclusi;n irracionalista con el que nos enfrentamos en este trabajo alega que una serie de prcticas, que a la postre se revelaron cient1ficamente fruct1feras, no cumpl1an las llamadas pautas cient1ficas. Mas aqu1 la negaci;n es d)bil o simple. Porque, de un lado, no todas las infracciones vulneran o conculcan la normativa vigente en la misma medida; y, de otro lado, no todas las pautas estn igualmente vigentes, ni son igualmente vlidas ni siquiera igualmente juzgadas vlidas: a unas se les da ms firme adhesi;n que a otras; conque la infracci;n de aquellas que estn menos vigentes supone menos transgresi;n del sistema metodol;gico en vigor. Supongamos que la norma proh1be hacer esto o aquello. Entonces infringe uno la norma [s;lo] en tanto en cuanto haga esto o aquello. Mas cuando el hacer esto o aquello se da por grados, quebrantar la norma es tambi)n asunto de grado. Los culpables de infracciones a las pautas implantadas, como p.ej. Galileo, indudablemente quebrantaron hasta cierto punto algunas reglas comprobadas. Mas la situaci;n era nueva, algunas de las reglas en cuesti;n hab1an llegado merecidamente a ser dudosas por entonces o estaban empezando a ser objeto de sospecha, revelndose menesterosas de matizaci;n o restricci;n. Lo que Feyerabend ha denominado propaganda y ret;rica de Galileo abarcaba argumentos buenos y convincentes, aunque en modo alguno concluyentes. Mas tampoco lo eran los alegatos de sus adversarios. Como frecuentemente ocurre, cada lado ten1a buenas razones para su respectiva posici;n. El partido conservador se encastillaba aferrndose a pautas oficialmente establecidas, pagando el precio de desatender en alguna medida una evidencia valiosa. Los innovadores conculcaban reglas generalmente acatadas y corroboradas, pero se aten1an a la mayor1a de las pautas recibidas y s;lo se apartaban un poco de ciertas normas metodol;gicas menos bien confirmadas.* o.,,88ԌAlgo similar sucede tambi)n hoy. Parece seguro que la f1sica est en grave crisis, que est hoy llena de paradojas hasta el punto de que hacen falta nuevas hip;tesis deslumbrantes y atrevidas. Espero que un nuevo enfoque l;gico como la l;gica transitiva vaya a juzgarse  Y Ctil aqu1, igual que en otros camposA jq ~JH ԍEs curioso que los irracionalistas o anarquistas metodol;gicos "dispuestos a abandonar cualquier canon o criterio vinculante" no siempre hayan reparado en la posibilidad de utilizar l;gicas alternativas en la evaluaci;n de las inferencias correctas en la investigaci;n cient1fica. Y sin embargo qu) teor1as quepa reputar aceptables depende, obviamente, de la opci;n por una u otra l;gica. A veces Feyerabend  Jh parece muy lCcido en este particular. As1, p.ej., (op.cit., pg 5) descarta como irrazonable (y eso en nombre de un adi;s a la raz;n!) la `condici;n de consistencia' y, a prop;sito de las teor1as de Niels Bohr, critica la `consideraci;n pueril de que una contradicci;n entra9a cualquier cosa', aduciendo que eso se  ~J basa en some rather simpleminded rules of derivation, quejndose al respecto de la tiran1a de la l;gica (pg 15, n.1). Ms lejos (pgs 2045) defiende la pluralidad de sistemas l;gicos, llegando a sostener que hay enunciados que juegan un papel importante en disciplinas cient1ficas establecidas s;lo si son autocontradictorios. Feyerabend llega incluso a reconocer (pg 253) que una buena teor1a cient1fica puede tener contradicciones, que el mundo puede que sea contradictorio. Propugna al respecto un cambio de las reglas de inferencia. Magn1fico! Desgraciadamente no nos dice c;mo ser1a la l;gica adecuada. Como siempre, Feyerabend atrae y repele. Pretender sacudirse el yugo de la l;gica es una actitud irracional e irrazonable; argumentar racionalmente a favor de esa dizque emancipaci;n es un proceder autoderrotante. Mas, en medio de la escoria, hay oro en los atisbos o vislumbres de Feyerabend. Claramente presiente la aplicabilidad y significatividad de las l;gicas paraconsistentes. Resulta ir;nico que los alegatos del propio Feyerabend s;lo conduzcan a las conclusiones irracionalistas que )l quiere sacar si se emplean precisamente esas mismas reglas de derivaci;n simplonas de la l;gica clsica que )l condena, las cuales son solidarias de la regla de Cornubia que )l "certeramente" rechaza.A . Asimismo, pueden aceptarse tambi)n cantidades complejas o imaginarias, superndose con ello algunas limitaciones o dificultades que rodean a la teor1a de la relatividad. Esos nuevos enfoques no pueden dejar de quebrantar en algCn grado normas metodol;gicas arraigadas. Mas de manera general pueden satisfacer en una medida considerable el conjunto difuso y abigarrado de las pautas cient1ficas. No se requiere ningCn iconoclasma para que avance la ciencia. S;lo una infracci;n peque9a, cautelosa y parcial de algunas de las reglas hoy prevalentes. En l;gica una revoluci;n est en marcha. O ms bien una evoluci;n acelerada. Las revoluciones son mucho menos revolucionarias de lo que so9aran los revolucionarios. Lo cual no significa que sean inCtiles u ociosas. Juegan un papel indispensable. S;lo que una revoluci;n no es jams una ruptura absoluta. Por debajo de la aparente interrupci;n, las cosas continCan su curso como antes, aunque con un cierto nCmero de diferencias importantes de grado. Los Cltimos decenios han presenciado desarrollos en l;gica anteriormente imprevisibles. Un mont;n de l;gicas difusas alternativas se han aplicado exitosamente a muchos campos cient1ficos. Por otro lado han nacido las l;gicas paraconsistentes (aquellas que tienen una negaci;n, `~', para la cual no es vlida la regla de Cornubia). A mi juicio el ms brillante futuro aguarda a aquellas l;gicas que son a la vez paraconsistentes y difusas, pues pueden hab)rselas con grados de verdad sin abandonar ni el tercio excluso ni la nocontradicci;n para todas y cada una de las negaciones. (N;tese que el que sea paraconsistente un sistema no entra9a que eche por la borda el principio de nocontradicci;n; tampoco vale el entra9amiento inverso, segCn es ampliamente sabido desde la l;gica trivalente de ukasiewicz en los primeros a9os veinte. Ms cerca de la verdad est la afirmaci;n opuesta: los sistemas de ukasiewicz no son paraconsistentes, al paso que modificarlos de tal manera que as1 se restituya validez al principio de nocontradicci;n forzosamente dar por resultado un sistema o.,,88 paraconsistente, o incluso, en ciertas condiciones, un sistema contradictorial en el que hay  Y algCn teorema,  p , tal que  Np  tambi)n sea un teorema.) Lo que une a la difusidad con la paraconsistencia es la regla de apencamiento, a saber que cuanto es, hasta cierto punto por lo menos, as1oas es as1oas. Con otras palabras, lo que es no enteramente falso es verdadero. Extra9amente, quiz, esa regla, o principio, viene a menudo alegada como un motivo para rechazar enfoques difusos o gradualistas. Sin embargo, es conciliable con un enfoque difuso, con tal de que sea uno paraconsistente.    Y ;6." Conclusi;n: la revoluci;n en l;gica y los cambios revolucionarios en las ciencias * La mayor1a de los l;gicos siguen todav1a aferrados (por cunto tiempo?) a lo que me parece un paradigma obsoleto, el de la superconsistencia, el rechazo de toda inconsistencia negacional. Es ms, la mayor1a de ellos tambi)n rechazan las l;gicas difusas y similares. Fuera del campo profesional, muchos fil;sofos estn desconcertados por tales desarrollos l;gicos, que les suenan a cuentos de hadas. No obstante, las innovaciones plasmadas en las nuevas l;gicas son de hecho relativamente peque9as. Aunque ninguna ley l;gica es unnimemente aceptada por todos los sistemas (aun el principio de identidad est cuestionado en una l;gica schr?dingeriana), cada sistema acepta una buena parte de las tesis y reglas que se admiten clsicamente; conque los conflictos entre la l;gica clsica y los nuevos sistemas no obstan a un amplio margen de acuerdo. Viene as1 logrado un grado considerable de conservadurismo. (Quienes son adeptos del funesto principio del todo o nada  se echarn las manos a la cabeza ante la idea de que una revoluci;n sea conservadora, o de que una  Y^ posici;n pueda ser conservadora y revolucionaria a la vez^q ~J ԍEl o8o  puede interpretarse como comportando una exclusi;n mutua de los disyuntos. Hoy quiz todos los l;gicos creemos que el `o' nunca comporta de suyo tal exclusi;n, sino que el que se lo asocie con ella se debe a su frecuente empleo en contextos en los que la misma viene de algCn modo conversacionalmente vehiculada. Mas cierto empleo enftico, contextualmente condicionado, del `o8o' s1 connota exclusi;n; as1 esgrimen sus principios disyuntivos, `O lo uno o lo otro!', quienes se aferran a  J los dogmas clasicistas. Cabr1a responderles: s1, lo uno y lo otro, cada uno de ellos en cierta medida; como ambos, uno de ellos; como uno de ellos, el uno o el otro "e.d.: lo uno o lo otro. Mas sin el )nfasis  JV que los clasicistas ponen en el reiterado `o' para sugerir una total incompatibilidad. Que no haya total incompatibilidad no significa, empero, que haya total compatibilidad, claro est. En la medida en que lo uno, no lo otro. I. A. 1. a.(1)(a) i) a) I. A. 1. a.(1)(a) i) a).) Y sin embargo el resto de las revoluciones cient1ficas palidecen al lado de la renovaci;n en l;gica actualmente en curso, ya que )sta no puede por menos de repercutir en todos los campos y las actividades de investigaci;n. La filosof1a p.ej. puede ganar mucho al ver as1 ampliado el abanico de alternativas, anteriormente excluidas de antemano (por il;gicas). Problemas que parec1an reacios a cualquier tratamiento satisfactorio pueden as1 recibir soluciones nuevas, anteriormente inconcebibles "salvo para fil;sofos ajenos al campo de los adeptos de la l;gica ortodoxa (fil;sofos como Plat;n, o Nicols de Cusa, o Hegel). Atr)vome, pues, a decir que los l;gicos paraconsistentes hemos ido ms all de todos los audaces sue9os innovadores de los iconoclastas irracionalistas. Mas no somos iconoclastas. En muchos aspectos tenemos una manera muy conservadora de ver las cosas. Y eso mismo les sucedi; a Galileo, a Leibniz, a Lobachewski, a Einstein, y a todos los innovadores cient1ficos. S;lo los charlatanes irresponsables salen con propuestas que pretenden ofrecer algo completa y absolutamente nuevo.!d o.,,88ԌSiendo un revolucionario en l;gica, siento viva simpat1a por los innovadores en otros campos cient1ficos. Ya he mencionado la urgente necesidad de una propuesta revolucionaria en la f1sica. Desde la l;gica transitiva tambi)n se han sugerido nuevas ofertas de lo que podr1an revelarse maneras interesantes de abordar la lingG1stica y algunas ciencias sociales  Y (historia, teor1a pol1tica, econom1a, teor1a del derecho)Dq J6 ԍVer: La atribuci;n como funci;n sintctica y algunos problemas de m)todo en lingG1stica , Revue  J Roumaine de Linguistique 34/6 (Bucharest, novdec. 1989), pp. 53154; Phonology , apud  Handbook  J of Metaphysics and Ontology , comp. por H. Burkhardt & Barry Smith, Munich: Philosophia Verlag,  J 1991, pp. 7036; In Defense of FullScale Planning ,  Science and Society  57/2 (New York: Guilford Press, summer 1993), pp. 20413. D. Pienso tambi)n que autores como Feyerabend han hecho una buena labor de desbrozar camino, al denunciar el pernicioso ultraconservadurismo acad)mico. Sin embargo no hay por qu) decir adi;s a la raz;n. Al hacerlo, ellos mismos disminuyen las perspectivas de )xito de su propia empresa, ya que la mayor1a de la gente sensata rechaza airadamente la idea de abandonar la raz;n o aun la de romper con el conjunto de m)todos racionalmente aceptables segCn est entronizado en la comunidad de expertos. Espero que este trabajo haya mostrado que es factible y mucho ms atractivo un conservadurismo revolucionario, firmemente racionalista. Termino con una advertencia. He insistido en que la mayor1a de las diferencias son de grado. Mas eso no significa que reemplace las viejas concepciones de todoonada por una que propugne un magma indiferenciado. Tal obliteraci;n ser1a otro modo de abogar por el principio de que todo vale. Si todas las diferencias de grado carecieran de importancia y de significaci;n, entonces, s1, mi enfoque, a fin de cuentas, vendr1a a ser una variedad de ese nefasto nihilismo. Mas no, la lecci;n que hay que aprender es que los grados tienen importancia. Y, no obstante, son lo que son, meros grados.